La llegada de Donald Trump al poder por segunda vez, con su doctrina de “Hacer a América grande otra vez”, ha impulsado acciones que desafían las prácticas y relaciones tradicionales, transformando el panorama político tanto a nivel nacional como internacional. Cada país, grupo o líder -dentro y fuera de Estados Unidos- ha tenido que hacerse preguntas fundamentales: ¿cómo me afecta Trump? ¿Cuál es mi relación con el nuevo gobierno de Estados Unidos? ¿Dónde me encuentro en este nuevo orden?
Esta reflexión ha llevado a una redefinición significativa de normas en tres frentes clave: comercio, valores democráticos y alianzas internas.
1. Comercio. La estrategia comercial de Trump prioriza los intereses estadounidenses, muchas veces a expensas de acuerdos multilaterales. En su primer periodo, Trump retiró a EEUU del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), argumentando que beneficiaba a otras economías a costa de los trabajadores estadounidenses. También renegoció la relación comercial con México y Canadá, dando lugar al T-MEC en 2018. Las decisiones comerciales que Trump ha tomado recientemente, y los nuevos aranceles que anunciará esta semana, representan un reto para las instituciones y acuerdos comerciales globales. A las represalias de otros países se sumarán reclamos en paneles de tratados internacionales u organismos, como la OMC, lo cual podría reestructurar el régimen comercial del mundo.
2. Valores democráticos. En el ámbito internacional, la administración Trump ha mostrado una inclinación a favorecer regímenes autoritarios que antes eran blanco de críticas de Washington. Ha insinuado la posibilidad de relajar sanciones económicas a Rusia tras la invasión de Ucrania, sugiriendo que aceptaría el statu quo de la guerra y el control ruso sobre zonas ocupadas, mostrando una actitud más tolerante hacia Vladímir Putin. De manera similar, Trump elogió recientemente al presidente turco Recep Tayyip Erdogan, calificándolo de “un buen líder” apenas días después de que este encarcelara a su principal opositor, el alcalde de Estambul. Su simpatía por ciertos líderes autócratas, siempre que no sean de izquierda, contrasta con su distanciamiento de democracias europeas y norteamericanas, cuyos gobiernos hoy se preguntan si aún pueden considerarse aliados de Washington.
A nivel interno, Trump ha sido señalado por erosionar las normas democráticas. Una de sus órdenes ejecutivas, titulada Restaurando la verdad y la cordura en la historia estadounidense, atacó a instituciones como el Instituto Smithsonian por considerar que promueven ideologías divisivas y antiestadounidenses o que se han desviado de su objetivo original. Sus críticos ven esta medida como un intento de manipular las narrativas que afectan a regímenes a los que Trump desea acercarse.
3. Alianzas internas. En el frente doméstico, las políticas de Trump han reconfigurado las alianzas políticas y sociales. Su propuesta de aranceles a las importaciones de automóviles, por ejemplo, obtuvo el respaldo del presidente de United Auto Workers, Shawn Fain, quien previamente apoyó la campaña presidencial de Kamala Harris. Este giro muestra cómo algunos sindicatos, aunque tradicionalmente alineados con los demócratas, ven beneficios en ciertas políticas proteccionistas de Trump, a pesar de que otras medidas, como los recortes a programas sociales, los perjudiquen.
Paralelamente, Trump ha sido acusado de socavar la independencia del Poder Judicial. Sus órdenes ejecutivas dirigidas contra bufetes de abogados que han impugnado sus políticas han sido interpretadas como intentos de intimidar a la oposición legal y debilitar los contrapesos institucionales. Esto ha generado preocupación en la comunidad jurídica sobre el futuro del Estado de derecho en EEUU. En respuesta, fiscales generales demócratas de 23 estados han lanzado múltiples demandas contra sus políticas, logrando en algunos casos órdenes de restricción o medidas cautelares que frenan temporalmente sus iniciativas más controversiales.
Si Trump está redefiniendo el orden mundial o simplemente desordenándolo es una cuestión de perspectiva. Lo cierto es que su regreso a la Casa Blanca ha encendido un tablero político en constante cambio, donde aliados de ayer se sienten hoy prescindibles, adversarios se vuelven interlocutores y los valores democráticos enfrentan pruebas inesperadas. En este juego de alianzas volátiles, queda por ver si la historia recordará esta era como un ajuste necesario o como el principio de una nueva incertidumbre global.
@aocaranza