Vacío de poder

Los sucesos de Bolivia deben ser profundamente analizados porque no sólo se forzó al presidente Evo Morales a renunciar sino que provocó el caos.
Bolivia vive hoy un vacío de poder al haber dimitido el Presidente, el vicepresidente, el presidente del senado y la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, quienes serían los responsables de asumir el mando de gobierno en las actuales circunstancias.
Evo Morales logró en poco más de trece años en el poder grandes avances sociales y de desarrollo económico como el abatimiento del analfabetismo, al bajarlo del 13 por ciento en el 2006 al solo 2.4 por ciento en el pasado año.
También disminuyó la pobreza extrema, que en el 2006 afectó al 38.2 por ciento de la población para dejarla ahora en un 15 por ciento, mientras que la pobreza moderada bajo del 60 por ciento de población bajo al 34.6 por ciento en su gobierno.
Sin embargo, estos logros no impidieron que los representantes de la derecha y del gran capital en Bolivia lograrán alterar el orden público y convencer a los mandos de la policía para dejar de obedecer al Jefe de Gobierno.
No hay claridad hacia donde podrá dirigirse Bolivia tras esta crisis; la confrontación social amenaza con prolongarse sin que haya quien asuma el gobierno y mucho menos se sepa cuál será la directriz política del país.
También se afectará toda la región Iberoamericana, donde gobiernos de izquierda o de derecha marcan sus claras diferencias, no exentos de problemas para mantener la estabilidad, el orden social y las instituciones.
El pretendido bloque de países de izquierda de América Latina, que presuntamente formarían Venezuela, Nicaragua, Cuba, Bolivia, Argentina y México se debilita pero tampoco se fortalece el grupo de la derecha, liderado por Brasil y seguido por chile, Colombia y otras naciones que padecen también conflictos sociales y rechazo popular de alta envergadura.
Complicado futuro el de Bolivia y toda América Latina ante una intervención más aguda de Estados Unidos, que busca un mayor control del área en este periodo pre electoral y con un Donald Trump inseguro, impulsivo e impredecible.

SUSURROS
Difícilmente la elección de Rosario Piedra Ibarra como presidenta de Comisión Nacional de los derechos Humanos (CNDH) podrá revertirse como pretenden algunos senadores del Partido Acción Nacional (PAN).
El reclamo de fraude en la elección no ha podido ser comprobado, pero sobre todo se hizo posterior a la elección misma, esto es que cualquier señalamiento de irregularidad alguna debió haberse hecho durante la misma sesión y no después de que se declaró legitima la elección por pate de la mesa directiva.
En lo formal se cumplió con la ley en cada una de sus etapas por lo que ahora no hay nada qué hacer salvo el berrinche de los panistas y el numerito que seguramente tendrán preparado para hoy en la sesión que la que Piedra Ibarra deba rendir su protesta como nueva titular de la CNDH, organismo que, a no dudarlo, será objeto de profunda transformación para convertirla en una institución que vele más por las necesidades del pueblo que de las de los sectores privilegiados.

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