Violencia contra mujeres es inaceptable… como la de las encapuchadas, ¿y Sheinbaum?

En México asesinan a nueve mujeres diariamente.

Es decir, 3 mil 285 al año.

Feminicidios, crímenes de odio por el simple hecho de ser mujer.

ONU Mujeres asegura que seis de cada diez mujeres en México, incluidas niñas, han sufrido violencia.

“El 41.3 por ciento de las mujeres ha sido víctima de violencia sexual y, en su forma más extrema, nueve mujeres son asesinadas al día”, asegura el organismo, con base en estadísticas de diversas instituciones.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), de los 46.5 millones de mujeres de 15 años y más que hay en el país, 66.1 por ciento (30.7 millones) han enfrentado violencia de cualquier clase alguna vez en su vida.
      Y no para ahí.

El 43.9 por ciento ha vivido agresiones del esposo o pareja y la estadística crece cuando la unión se dio antes de cumplir 18 años.

Como dijera un clásico sobre la corrupción:

El machismo es cultural.

Por supuesto.

En un país donde el objetivo de los adolescentes y jóvenes es ser narcotraficante y los ídolos son los malandros que toman Buchanan’s, portan armas, traen carro tuneado y visten con un estilo entre reguetonero y vaquero, no es difícil imaginar esas estadísticas.

Esa violencia que se inculca, acaso inconscientemente, desde la familia donde la hija debe servir al padre o a los hermanos, “porque ellos son hombres” y deben salir, como muestran los libros de historia, a la caza del sustento mientras ellas cocinan y cuidan a los hijos, es real.

No es un invento.

¿Cómo terminar con ella?

Es tan o más difícil que acabar con el crimen, que controla al país.

No hay modo.

En pleno siglo 21, educar a los hombres parece una misión imposible, porque se requiere de factores que difícilmente se darán.

No sólo es la familia, también la escuela, la sociedad, el trabajo.

 

No lo justifica

Las imágenes son frustrantes.

Ver nuevamente a esas encapuchadas que argumentan la indudable y condenable violencia que sufren las mujeres para justificar sus destrozos es decepcionante.

Y no sólo por las pintas de monumentos y la destrucción de mobiliario urbano y hasta fachadas de negocios. Eso, finalmente, se restaura, se repara.

Cierto.

Pero digan lo que quieran.

No es justificable.

Eso no es feminismo.

Eso nada mejora.

Las escenas que circularon en las redes donde en Chile, por ejemplo, mujeres se organizaron con cánticos y prácticamente escenografías para protestar en el Día Internacional de la Erradicación de la Violencia Contra las Mujeres, son extraordinarias.

-Se va a caer se va a caer

¡Arriba el feminismo!

Se va a poder, se va a poder, gritaban las marchistas de ayer en Paseo de la Reforma rumbo al Zócalo.

Hubo 2 mil 500 mujeres policías.

Y dos mil voluntarias.

Y fueron maltratadas.

-¡Pendejas, son mujeres!

Esas puercas no nos representan, les gritaban.

Y las mujeres policías intentaban someterlas, pero fueron atacadas.

Y hubo gas lacrimógeno.

¿Y qué hará Claudia Sheinbaum?

Aquí no es asunto de género.

Lo sucedido en la marcha del 16 de agosto, cuando destrozaron una estación de Metrobús, la de Policía en la calle Florencia, y pintarrajearon el Angel de la Independencia y ella aseguró que eso no quedaría impune, que había carpetas de investigación, se repitió ayer.

Argumentaba -y argumenta- que no intervienen para no caer en provocación. De hecho, lo calificó de provocación.

-Tenemos una idea de quiénes fueron y en su momento los presentaremos de acuerdo con la ley, dijo.

¿Y qué sucedió?

Reculó y hasta se disculpó.

Ni con su alerta de género decretada en la CDMX la semana pasada, Sheinbaum calmó los ánimos de las protestantes.

Y su cinturón de paz que utilizó en la marcha del 2 de octubre, que fracasó, ayer se convirtió en mujeres voluntarias –empleadas del gobierno capitalino- que se disolvió nuevamente.

¿Por ser mujeres pueden actuar impunemente?

Y ya basta de argumentos como “les duele más un monumento que las muertes de mujeres”.

 

Vámonos:

Si no es terrorismo, ¿entonces qué es?

El ataque sufrido por los LeBaron en Sonora, es no sólo espeluznante, sino demencial.

¿Y qué se ha hecho?

Nada.

Adrian LeBaron dice que acudirá con Andrés Manuel López Obrador a que le diga qué se ha hecho.

 

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