Especialistas advirtieron que, en la Ciudad de México, el polvo que se acumula dentro de las casas es más tóxico que en otros sitios del mundo, como Reino Unido y España, e incluso está más contaminado que el del exterior, por lo que la limpieza constante de los hogares resulta clave para preservar la salud.
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Expertos del Laboratorio Universitario de Geofísica Ambiental de la UNAM señalaron que los metales pesados están presentes en múltiples materiales domésticos; por ejemplo, el cadmio y el arsénico se utilizan en el barniz de la madera para evitar termitas, pero el problema surge cuando los materiales envejecen y generan polvo por desgaste.
Los investigadores Francisco Bautista Zúñiga y Avtandil Gogichaishvili realizan un estudio sobre contaminantes tóxicos en el polvo doméstico, para el cual reunieron muestras de 14 entidades del país.
Bautista Zúñiga precisó que el análisis comenzó con polvo de la calle y hojas de árboles, pero durante la pandemia de Covid-19 decidieron enfocarse en el polvo al interior de los inmuebles, un enfoque poco común en este tipo de investigaciones.
Los resultados, publicados en la revista Indoor Air, revelan que en Morelia y la Ciudad de México se detectaron altas concentraciones de metales pesados, especialmente partículas magnéticas (PM) con 45 mg/kg.
En exteriores se registraron 866 mg/kg de manganeso, 49 de níquel, 116 de cobre, 527 de zinc, 28 de antimonio y 118 de plomo.
Dentro de los hogares, las concentraciones fueron más altas: manganeso (680), níquel (62), cobre (386), zinc (1221), antimonio (30) y plomo (213).
“Nos sorprendió que estamos encontrando más contaminación dentro que al exterior. Esperábamos que fuera baja, incluso en lugares no contaminados, pero no es así”, afirmó Bautista, al explicar que la actividad doméstica, la cocción de alimentos y el desgaste de paredes, pintura y muebles incrementan la toxicidad del polvo.
El antimonio, otro contaminante identificado, proviene del deterioro de los plásticos y afecta el sistema endócrino, relacionado con la producción de hormonas sexuales.
Los especialistas indicaron que existen tres rutas de ingreso de metales pesados: oral, respiratoria y dérmica. Por ello, niñas, niños y bebés están más expuestos, ya que tienen mayor contacto directo con el polvo, lo que los vuelve más vulnerables a enfermedades, explicó Bautista Zúñiga.
Por su parte, Avtandil Gogichaishvili añadió que la cocción de alimentos con gas, común en México, produce minerales magnéticos como la magnetita (óxido de hierro).
Detalló que también se analizaron suelos, hojas de árboles y polvo urbano, además de la presencia de contaminantes tóxicos en hígado, riñón y propiedades magnéticas en el cerebro humano de especímenes de laboratorio expuestos a la contaminación en la CDMX.
Los investigadores compararon los resultados con datos de España, Corea del Sur y Nueva York, donde también se ha detectado la presencia de metales pesados, incluso en el Metro.
Bautista Zúñiga puntualizó que, tras ensayos comparativos, el polvo de la Ciudad de México resulta “campeón mundial en toxicidad”, siendo tres veces más contaminante que el de varias ciudades del Reino Unido.
Ambos expertos recomendaron limpiar las casas con mayor frecuencia, mantener paredes y pintura en buen estado, cuidar que los muebles no se deterioren, y colocar plantas en ventanas para atrapar metales pesados. También sugirieron cambiarse los zapatos al entrar a casa y lavar cortinas con regularidad, ya que funcionan como primera barrera contra el polvo exterior.
Para difundir estos hallazgos, en 2024 publicaron el libro “Los metales pesados en ambientes urbanos: herramientas para el diagnóstico y estudios de caso en ciudades mexicanas”, dirigido a estudiantes y disponible gratuitamente en la plataforma de la UNAM.

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