En México se viven más años, pero no con mejor calidad de vida: de 1990 a 2019 la esperanza de vida a nivel nacional se acrecentó aproximadamente 6.7 por ciento, pero no necesariamente se manifestó en condiciones de bienestar, advirtieron especialistas de la UNAM.
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La coordinadora del Centro de Investigación en Políticas, Población y Salud de la Facultad de Medicina de la UNAM, Marcela Agudelo Botero, señaló que existen inequidades en cuánto y cómo se vive, con diferencias en calidad de vida entre territorios y sexos.
El incremento por esperanza de vida ajustada por salud fue de 6.4 por ciento, lo que muestra un rezago. Las disparidades entre entidades federativas persisten, aumentando las inequidades en salud. En la Ciudad de México creció la esperanza de vida nueve años, pero no ha mejorado la salud, persistiendo años con enfermedad o discapacidad.
Los estudios muestran que el desempeño del sistema de salud no ha logrado reducir estas brechas, lo que indica limitaciones estructurales en el acceso y la calidad de la atención. Se requieren políticas diferenciadas que se adapten a los perfiles epidemiológicos y sociales de cada entidad.
De 1990 a 2021 han predominado las enfermedades no transmisibles, aunque coexisten con padecimientos transmisibles y se han incrementado las causas externas como homicidio, suicidio y muerte asociada con arma de fuego. En 2021, las no transmisibles representaron del 55 al 68 por ciento del total de la pérdida de años saludables.
Chihuahua y Zacatecas registraron una carga importante de años saludables perdidos por violencia, suicidio y accidentes de tránsito, mientras que en la Ciudad de México y Puebla las causas transmisibles tuvieron un peso superior al resto del país.
La pandemia por Covid-19 repercutió en la disminución de la esperanza de vida en 3.1 años, principalmente por afecciones respiratorias. Las entidades más afectadas: Ciudad de México, -4.3 años; Morelos y Zacatecas, -2.7. Por el contrario, Guerrero tuvo una ganancia de 4.8, Oaxaca 3.1 y Durango 2.8.
De 1990 a 2021, la mortalidad por afecciones transmisibles se elevó 50.3 por ciento; por enfermedades no transmisibles bajó 16.8 por ciento, aunque siguen siendo las principales causas de fallecimiento. La mortalidad por causas externas mostró una reducción de 30.4 por ciento.
A nivel nacional, las mujeres pasaron el 15 por ciento del total de años de su esperanza de vida con problemas de salud o discapacidad, lo que representa 11.8 años en condiciones desfavorables. En contraste, los hombres vivieron con alguna discapacidad o limitación en salud durante el 12.1 por ciento de su esperanza de vida, equivalente a 8.8 años.




