BESS: cuando la electricidad también se puede guardar

El almacenamiento de energía con BESS permite usar electricidad cuando se necesita, integrando renovables y aumentando la confiabilidad del sistema eléctrico.


RANCÉ
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Durante décadas se enseñó un principio básico del sistema eléctrico: la electricidad se genera en el mismo momento en que se consume, porque no puede almacenarse. Esa idea fue válida por mucho tiempo y definió la forma de planear y operar los sistemas eléctricos en todo el mundo.
Hoy ese paradigma empieza a cambiar.

En realidad, en el mundo microenergético llevamos años conviviendo con el almacenamiento. Las pilas y baterías son pequeños dispositivos que guardan energía y la liberan conforme el equipo del que forman parte la necesita. Celulares, computadoras portátiles, lámparas recargables y numerosos aparatos domésticos funcionan gracias a este principio simple.

A escala del sistema eléctrico ocurre lo mismo, sólo que en dimensiones mucho mayores.
Los sistemas de almacenamiento con baterías, conocidos internacionalmente como BESS (Battery Energy Storage Systems), no generan electricidad. Hacen algo igual de importante: permiten usarla en el momento en que el sistema realmente la necesita.

Un sistema eléctrico moderno debe equilibrar oferta y demanda segundo a segundo. La frecuencia de la red, la estabilidad del voltaje y la confiabilidad del suministro dependen de ese balance permanente. Cuando generación y consumo no coinciden, el sistema se estresa; cuando el estrés supera ciertos límites, aparecen los apagones.

Ahí es donde los BESS empiezan a jugar un papel relevante. Pueden absorber energía cuando sobra y liberarla cuando falta. Responden en milisegundos para apoyar el control de frecuencia, ayudan a reducir congestiones en transmisión y evitan que centrales caras entren sólo para cubrir picos de demanda de unas cuantas horas.
En otras palabras, aportan flexibilidad operativa.

Su presencia también ayuda a integrar mejor las energías renovables intermitentes. La generación solar ocurre principalmente de día; el pico de demanda suele presentarse al anochecer. El viento puede ser abundante en ciertas horas y escaso en otras. El almacenamiento permite cerrar esa brecha entre cuándo se genera y cuándo se consume.

Por eso es relevante que la planeación eléctrica empiece a considerar el almacenamiento de forma explícita, incluso solicitando que nuevos proyectos renovables contemplen cierto respaldo con baterías. No es moda tecnológica: es ingeniería de sistema.

Pero el almacenamiento tampoco es gratuito. Representa una inversión adicional y su valor no está en instalar la mayor cantidad posible, sino en encontrar el punto técnicamente y económicamente óptimo. Demasiado poco aporta beneficios limitados; demasiado puede encarecer innecesariamente un proyecto. La experiencia internacional está justamente ayudando a encontrar ese equilibrio.

Tampoco todas las soluciones son iguales. No es lo mismo diseñar una central renovable desde el inicio con BESS integrados, que intentar agregar baterías a una instalación ya existente. Cuando el almacenamiento se incorpora desde el diseño, puede dimensionarse mejor y coordinarse con la operación de la central. En proyectos existentes, la adaptación puede ser útil, pero suele implicar ajustes técnicos y económicos adicionales.

A esto se suma otra tendencia: los vehículos eléctricos. Cada automóvil eléctrico es, en esencia, una batería móvil de gran tamaño. Su crecimiento implica nueva infraestructura de recarga y también abre la puerta a que, en el futuro, funcionen como recursos distribuidos de almacenamiento.

Nada de esto sustituye a la transmisión ni a la generación convencional. Son herramientas complementarias. Una nueva línea de 400 kV sigue siendo indispensable donde se requiere. Pero el almacenamiento puede dar margen operativo mientras esas obras se desarrollan.

Las baterías tampoco son solución universal. Tienen vida útil, requieren sistemas de control térmico y deben evaluarse con rigor técnico. Su incorporación debe responder a análisis de sistema, no a decisiones aisladas de proyecto.

Lo que sí parece claro es que el viejo paradigma de que la electricidad no se puede guardar empieza a quedar atrás.

Desde el punto de vista técnico, los BESS ya demostraron que pueden aportar estabilidad y rapidez de respuesta. Desde el punto de vista institucional, incorporarlos en la planeación muestra una visión más moderna del sistema. Y desde la perspectiva país, entender que la energía también puede administrarse en el tiempo cambia la forma de pensar la infraestructura eléctrica.

La electricidad dejó de ser exclusivamente instantánea. Ahora también puede guardarse.
En un sistema cada vez más exigido por la demanda, la electrificación y la variabilidad de la generación, saber almacenar energía será tan importante como saber producirla.

Porque la confiabilidad eléctrica, al final, no depende de discursos, sino de ingeniería bien aplicada.