En la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), un grupo de académicos ha decidido convertir la solidaridad en una herramienta para combatir la brecha digital. A través del programa Ciencia Reutiliza, reciben computadoras donadas, las reparan y las entregan a estudiantes que las necesitan para seguir con su formación académica.
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Luis Alberto Vázquez, técnico académico de la facultad, explica que la iniciativa nació durante la pandemia por propuesta del profesor Jaime Vázquez Alamilla, cuando las clases migraron al formato en línea y surgió la preocupación por quienes no contaban con un equipo propio.

“Nos preguntamos cómo iban a tomar clases los estudiantes sin computadora. Empezamos recolectando equipos funcionales, pero después propuse intentar reparar los que no servían. Así comenzó todo”, recuerda.

Aunque el programa pudo haberse detenido tras el regreso a las aulas, los académicos decidieron continuar al constatar que la necesidad persistía.
Un apoyo que no se detiene
Cada inicio de ciclo escolar, especialmente entre junio y julio, decenas de alumnos se acercan en busca de una computadora. Tan solo en las primeras semanas del semestre pasado, alrededor de 30 estudiantes solicitaron el apoyo, y las peticiones continúan durante el resto del periodo.

El programa está dirigido a toda la comunidad universitaria. Han llegado jóvenes de preparatorias, del Colegio de Ciencias y Humanidades, de facultades como Filosofía y de planteles de Estudios Superiores.

Sin embargo, el equipo que sostiene esta labor es reducido: apenas tres personas. Vázquez se encarga de la reparación física de las computadoras, mientras que dos integrantes de su equipo apoyan con la instalación de software, configuración y administración de los préstamos.
Requisitos mínimos
Para recibir una computadora, los estudiantes solo deben presentar su credencial vigente, un comprobante de inscripción y manifestar que la necesitan. No hay interrogatorios ni estudios socioeconómicos.

“Más que una computadora, se les da un voto de confianza y un impulso para que no se rindan“, afirma el académico.
Los beneficiarios provienen de contextos diversos: algunos no pueden costear un equipo nuevo, otros enfrentan fallas inesperadas a mitad del semestre, han sido víctimas de robo o son estudiantes foráneos que dejaron su computadora en casa para que la familia la utilice.
Donaciones transformadas en oportunidades
Las computadoras y refacciones provienen principalmente de donaciones individuales y empresariales. Parte del material también se recupera en eventos de reciclaje electrónico, donde encuentran equipos funcionales o piezas útiles.

Cuando una refacción no está disponible, los propios académicos la compran con recursos personales, ya que el proyecto es independiente y no recibe financiamiento institucional, aunque cuenta con la autorización de la facultad para usar el espacio.
En promedio, se reacondicionan dos equipos al día, cifra que puede variar según la complejidad de cada reparación.
Minutos que cambian historias
El momento de la entrega suele ser emotivo. Jaime Vázquez relata que muchos estudiantes llegan con pena o incertidumbre, pero su expresión cambia en cuestión de minutos.
“Pasan del temor a la sonrisa cuando saben que podrán continuar con sus tareas. Esa reacción es lo que nos motiva a seguir“, comenta.
Un llamado a la solidaridad
El académico invita a la sociedad a sumarse, ya sea donando computadoras o cualquier herramienta útil para estudiantes de carreras costosas como arquitectura o medicina.

“No se trata de ayudar en grandes cantidades. Si cada profesionista apoyara a un estudiante con algo que ya no usa, habría muchos jóvenes que podrían continuar sus carreras“, señala.
Para quienes integran Ciencia reutiliza, cada equipo entregado representa más que tecnología: es una oportunidad para que un alumno no abandone sus estudios y siga adelante con su proyecto de vida.

Luis Alberto Vázquez. | Foto: Aracely Martínez 

