En una tarde de contrastes y matices en la Plaza de Toros “La Luz” de León, el encierro de Villa Carmela propició un festejo de interés creciente, en el que temple, entrega y determinación marcaron el rumbo de la función. Daniel Luque volvió a exhibir su madurez y capacidad para administrar las virtudes de sus toros, firmando actuaciones de peso que le redituaron dos orejas, una de ellas en el ejemplar de regalo.
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Diego Silveti dejó constancia de su técnica y carácter, con faenas de contenido artístico en las que estuvo por encima de las condiciones de su lote, aunque el acero limitó sus aspiraciones. Por su parte, Diego San Román, tras un inicio adverso, se reivindicó con una labor intensa y emotiva en el sexto, coronada con dos orejas que sellaron una tarde de emoción, estructura y entrega ante más de media entrada.
“Califa”, de 532 kilos, abrió plaza en representación del hierro de Villa Carmela. Correspondió su lidia a Daniel Luque, quien lo saludó con un recibo a la verónica de notable clase, ganando terreno con suavidad y encajándose con naturalidad, dejando ya entrever la disposición y el sitio del torero.
El toro evidenció desde los primeros compases cualidades importantes: humilló con franqueza, mostró nobleza en sus embestidas y mantuvo un tranco acompasado que permitió el lucimiento. En el inicio de faena, Luque optó por doblarse por bajo, llevando al toro despacio, con mando y temple, cuidando los tiempos y asentando la embestida. Esa labor inicial resultó clave para estructurar una faena basada en la suavidad y el trazo largo.
A lo largo de la labor con la muleta, el diestro logró momentos de notable armonía, especialmente cuando consiguió ligar los muletazos con continuidad, aprovechando la condición entregada del toro. Luque construyó una faena asentada, de menos a más, cimentada en el temple y la inteligencia para administrar las virtudes del toro sin forzarlo en exceso. En la suerte suprema dejó un pinchazo previo a una estocada que puso fin a la actuación. Saludó en el tercio y el toro fue aplaudido en el arrastre.
“Rodolfo”, toro de 535 kilos de la ganadería de Villa Carmela, fue el segundo ejemplar de la tarde. Diego Silveti lo recibió con el capote mostrando cadencia y empaque, hilvanando verónicas templadas que remató con una media bien dibujada. La emoción creció con un quite por tafalleras ejecutado con firmeza y ajuste.
Tras brindar al público, inició la faena de muleta con inteligencia, midiendo las embestidas y marcando el ritmo. El toro ofreció buenas condiciones por el pitón derecho, con recorrido y claridad, lo que permitió a Silveti desarrollar un toreo largo y ligado, llevando la faena a un nivel ascendente. La conexión con los tendidos se hizo evidente conforme el diestro guanajuatense asentaba su actuación.
Por el izquierdo, aunque el toro mostró cierta inercia, la claridad y el pulso del torero lograron imponerse. Surgieron naturales templados, de trazo limpio y con notable reposo, en los que se fundieron técnica y expresión. La faena alcanzó madurez por ese pitón, quedando estructurada y completa antes de entrar en su recta final. Al momento de la suerte suprema, un pinchazo antecedió a una estocada ejecutada con determinación y buena colocación, rubricando una actuación sólida y de contenido técnico y artístico.
El tercero de la tarde, “Curtidor”, con 479 kilos de la ganadería de Villa Carmela, correspondió al queretano Diego San Román. Desde su salida, el torero encendió el ambiente al abrirse de capa de rodillas, gesto que levantó de inmediato a los tendidos por su entrega y determinación.
Tras la lidia inicial, dedicó su faena al público leonés y volvió a mostrarse de hinojos para comenzar con la muleta, dejando patente su disposición y valor. El toro presentó complicaciones: embestidas descompuestas, recorrido irregular y tendencia a terminar con la cabeza arriba, lo que exigió firmeza y técnica. En la suerte suprema dejó un pinchazo hondo que no resultó suficiente. Recurrió entonces a la espada corta para concluir la lidia y se retiró tras escuchar un aviso.
“León 450”, con 526 kilos, fue el cuarto toro de la tarde y correspondió a Daniel Luque. Desde el saludo capotero, el sevillano dejó constancia de su calidad, firmando un recibo de gran expresión y temple que marcó el tono de su actuación.
Con la muleta, Luque toreó con verticalidad y sitio, construyendo una faena basada en la firmeza y el buen trazo, especialmente por el pitón derecho, por donde el ejemplar de Villa Carmela ofreció mayores opciones. La mano diestra del torero apareció limpia, profunda y con hondura, logrando los pasajes de mayor calado y haciendo que la faena tomara dimensión.
Con el paso de los muletazos, el toro fue perdiendo fuelle y transmisión, pero Luque no bajó la intensidad. Se metió entre los pitones, buscó exprimir lo que quedaba del astado y sostuvo la obra a base de oficio y determinación. El cierre por luquecinas llevó el sello personal del diestro, rubricando una actuación de peso. En la suerte suprema dejó un pinchazo hondo que resultó suficiente para pasaportar al toro. Hubo petición mayoritaria de oreja y el ejemplar fue despedido con palmas en el arrastre.
“Zapatero”, con 510 kilos de presencia, fue el quinto de la tarde y segundo del lote de Diego Silveti. Con el capote, encendió los tendidos con un quite por gaoneras de gran ajuste y exposición, ejecutado con temple y cadencia, que fue desgranando la ovación del público.
La faena de muleta tuvo como base la entrega absoluta del torero frente a un astado que colaboró poco, aunque dejaba entrever un fondo de nobleza. Silveti entendió pronto que debía imponerse y así lo hizo, plantado con firmeza, tirando del toro y obligándolo a pasar. Por el pitón derecho consiguió los pasajes de mayor limpieza y profundidad; por el izquierdo, sostuvo la embestida con autoridad, extrayendo muletazos de mérito ante la falta de continuidad del animal.
Fue una labor construida con inteligencia y carácter, caminando bajo la inventiva y la determinación, siempre por encima de las condiciones del toro. Cuando parecía que el esfuerzo tendría recompensa, el acero se interpuso: erró con la espada y perdió un premio que había ganado a pulso con su entrega y solvencia en el ruedo.
El sexto de la tarde, “Gaonero”, con 545 kilos, ofreció un marco propicio para el lucimiento de Diego San Román desde el primer tercio. El torero firmó un vibrante quite que encendió los tendidos y dejó clara su disposición.
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Ya con la muleta, inició su labor de rodillas, citando de largo al toro de Villa Carmela para ejecutar un cambiado por la espalda de gran exposición. Sin inmutarse, se quedó en el sitio para cuajar de inmediato una serie portentosa por el pitón derecho, templada y con trazo largo, que marcó el rumbo de la faena.
“Gaonero” mostró buenas condiciones, con calidad en la embestida y disposición para ir a más cuando fue llevado por el camino correcto. San Román lo entendió con claridad, administrando tiempos y alturas para potenciar sus virtudes. Un cambio de mano preciso dio paso a naturales de intensidad y verdad por el izquierdo, profundos y sentidos, que consolidaron la obra.
En la recta final, el torero se entregó en abandono total, arrimándose sin reservas y jugando al límite en distancias cortas, conectando con fuerza con el público. Culminó su actuación con rotundidad al dejar una estocada entera de ejecución certera. El juez concedió dos orejas, premio a una faena de estructura, emoción y contundencia.
“Cuatrocientos Cincuenta”, de 513 kilos, primer toro de regalo, procedente del hierro de Teófilo Gómez. El sevillano dejó al paso pinceladas de clase; si bien el toro punteaba en los finales, Luque pudo expresar su toreo, con mucha cabeza fría y solventando con recursos muy finos. Poderoso en la recta final cuando el toro buscaba las tablas, terminó con la entrega. Cortó una oreja.
“Jerezano”, de 574 kilos, de Villa Carmela, el segundo de regalo, al que Diego Silveti saludó con lances a pies juntos. Con muletazos por alto, comenzó su faena de muleta el guanajuatense, que poco pudo hacer con el deslucido ejemplar. No se dejó nada y buscó todas las opciones, estando por encima.
FICHA:
- Plaza: La Luz, León, Guanajuato
- Festejo: Octavo del Serial Taurino de León 2026
- Condiciones: Tarde cálida, más de media entrada
- Ganadería titular: Villa Carmela (buen juego en general; destacaron 1.°, 2.° y 4.°)
- Toros de regalo: Teófilo Gómez y Villa Carmela
- Daniel Luque: Salida al tercio — Oreja — Oreja (toro de regalo)
- Diego Silveti: Salida al tercio — Palmas
- Diego San Román: División de opiniones tras aviso — Dos orejas (toro de regalo)

Daniel Luque y Diego San Román salen a hombros en León. | Foto: Manolo Briones 



























