De laboratorio a cafetería: resurge una joya del muralismo

Las obras representan la medicina prehispánica, con deidades, símbolos como serpientes y la relación entre ciencia, enfermedad y cosmovisión indígena



Foto: Aracely Martínez

En una esquina del sur de la capital, entre tazas de café y el ir y venir de clientes, se esconde una joya del muralismo mexicano. La sucursal de Tim Hortons en General Anaya alberga dos imponentes murales de José Chávez Morado, cuya historia ha cobrado nueva vida tras viralizarse en redes sociales.

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Antes de convertirse en un punto de encuentro, el inmueble fue sede de los antiguos Laboratorios CIBA en la década de 1950, empresa que décadas después derivaría en Novartis tras su fusión con Sandoz en 1996. Fue ahí donde, por encargo del arquitecto Alejandro Prieto, Chávez Morado realizó estas obras monumentales que hoy siguen en pie.

Foto: Aracely Martínez

Murales con identidad

Las piezas, tituladas “Magia y ciencias médicas, salud, enfermedad” (fachada) e “Historia de la medicina prehispánica” (interior), retratan la riqueza del conocimiento ancestral. En ellas se aprecian deidades, serpientes y símbolos que reflejan la cosmovisión indígena, así como la relación entre enfermedad, ciencia y espiritualidad.

Foto: Aracely Martínez

Arte que sorprende

Para muchos, el encuentro con estos murales es inesperado. “La verdad está increíble… todos los trazos, todo el diseño es fascinante“, comentó Aitana de los Reyes, comensal, quien aseguró que llegó al lugar sin saber de la existencia de la obra. “Al entrar es lo primero que ves y te quedas fascinada… mientras tomas tu café puedes ver todo a detalle”, relató.

Foto: Aracely Martínez

Rescate del espacio

La transformación del inmueble también ha sido bien recibida. Cynthia López, otra visitante, recordó que el sitio permaneció cerrado y deteriorado durante años. “Sabía que era un lugar descuidado… ahora está padre que lo rescataron y no modificaron el arte“, señaló.

Destacó además el cambio en la percepción del espacio: “Antes daba miedo, ahora ya no. Se ve con luz, más vivo“.

Foto: Aracely Martínez

Un legado que perdura

Tras décadas parcialmente ocultos, los murales fueron restaurados en 2024 por el taller Rimane, bajo la supervisión del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, recuperando su color y técnica original que combina fresco y mosaico de vidrio.

Foto: Aracely Martínez

Hoy, lo que antes apenas se apreciaba desde el Metro General Anaya, puede admirarse de cerca. Más que un atractivo visual, estos murales son un recordatorio de que el arte público puede sobrevivir, adaptarse y convivir con la vida cotidiana en los espacios más inesperados.