En 2017, México quedó marcado por la denuncia de quimioterapias sustituidas por agua durante el gobierno de Javier Duarte. Aquella imagen se volvió otro símbolo de corrupción en el cierre del sexenio de Enrique Peña Nieto.
En esta semana surgió un nuevo reportaje que revive ese antecedente porque vuelve a poner sobre la mesa un problema igual de grave. Que pacientes de nuestro sistema de salud reciban tratamientos falsos.
LA NUEVA ALERTA
El reportaje de Aldo Canedo, Violeta Santiago, Isabella Cota, Carlos Carabaña, Gerardo Reyes y Angie Sandoval documenta un escándalo de proporciones mayores. No se trata sólo de medicamentos irregulares detectados fuera de hospitales. La investigación documenta piezas asociadas a lotes falsificados dentro de instituciones públicas.
De acuerdo con datos de Cofepris obtenidos vía transparencia, las denuncias por medicamentos presuntamente falsificados pasaron de 45 en 2018 a más de 250 por año desde 2022.
El caso más visible es Keytruda, medicamento contra el cáncer más vendido del mundo, porque concentró alertas sanitarias, lotes identificados, compras públicas y denuncias penales.
La investigación ubica seis alertas sanitarias, 17 lotes falsificados y 11 mil 479 piezas asociadas a esos lotes en diez instituciones públicas. También recoge que entre 2020 y 2025 Cofepris recibió casi mil 500 denuncias por medicamentos falsificados y que 88% de las piezas detectadas se concentró en el ISSSTE.
ORIGEN Y DESTINO
El reportaje también es un retrato del debilitamiento de nuestro sistema de salud, el cual abrió espacios a distribuidores irregulares y a productos apócrifos. Según la investigación, los cambios recientes en el modelo de compras públicas, el desabasto y las compras urgentes fueron abriendo esa puerta.
Y es que ese deterioro se aceleró con la desaparición del Seguro Popular, que después fue sustituido por el Insabi, que terminó en fracaso y extinción. Más tarde trasladaron funciones a IMSS-Bienestar sin cerrar la crisis de abasto. Luego se presentó la Megafarmacia como solución nacional, pero terminó como otro símbolo del fracaso.
Los datos no mienten. De acuerdo con Coneval, la carencia por acceso a servicios de salud subió de 16.2 a 39.1% entre 2018 y 2022. En ese contexto, el salto del desabasto a la falsificación deja de parecer una anomalía.
SIN CASTIGO
La otra parte del problema está en la impunidad. La farmacéutica MSD, fabricante de Keytruda, presentó 20 denuncias penales ante la FGR por la circulación de productos falsificados. Además, el propio reportaje sostiene que la fiscalía conoce al menos 30 casos vinculados con ese medicamento entre 2020 y 2025.
Así que el problema no termina con la detección del producto falso. También empieza otro fracaso: el de las autoridades encargadas de investigar y castigar. Hubo alertas sanitarias, denuncias penales y rastreo de lotes dentro de instituciones públicas. Aun así, no aparecen sentencias por estos casos.
Por años, la norma general era que los escándalos en salud trataran de desvíos, sobreprecios, hospitales incompletos o falta de medicinas. Este reportaje agrega algo más. Incluso cuando sí hay tratamiento, puede no ser auténtico.
Así que ahora ya no sólo debemos preocuparnos por la falta de medicinas. Ahora también debemos preocuparnos por si lo que vamos a recibir o tomar para atender un padecimiento es falso. Y, si eso ocurre, todo apunta a que será muy difícil que se castigue a los responsables. Nuevo miedo desbloqueado.
EL DATO INCÓMODO
La FGR autorizó en diciembre pasado el carpetazo en un caso contra Naasón Joaquín García en México, pese a las denuncias por abuso sexual y trata. El expediente sigue con vida porque las víctimas impugnaron ese cierre y lograron llevarlo ante un juez.




