Robbie Ávila, la sensación de origen mexicano firma con Lakers un contrato Exhibit 10

El carismático basquetbolista de origen mexicano, Robbie Ávila, probará suerte con Los Ángeles Lakers en la NBA

Los Ángeles Lakers le darán una oportunidad de oro al antihéroe de origen mexicano. Foto: Instagram @galerianba
Los Ángeles Lakers le darán una oportunidad de oro al antihéroe de origen mexicano. Foto: Instagram @galerianba

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Desde hace unos años, Robbie Ávila se ha convertido en una efervescente figura de las redes sociales. Un jugador que se sale del estándar cuya fama llegó cuando comenzó a ser comparado con el jugador de Denver Nuggets, Nikola Jokić.

Solo que con gafas deportivas. Y aunque no fue seleccionado en el Draft —tal y como el tres veces MVP de la NBA—, Los Ángeles Lakers le darán una oportunidad de oro al antihéroe de origen mexicano.

¿Cuál es el perfil y trayectoria de Robbie Ávila?

Robbie  no escuchó su nombre entre los 58 elegidos. Pero cuando los Lakers llamaron a su agente para ofrecerle un contrato Exhibit 10, Ávila no pudo contener la sonrisa. Porque él nunca ha necesitado que lo nombren para ser recordado. Le bastan sus apodos y la certeza de que sabe cómo imponerse en la pista más allá de los estereotipos.

Cream Abdul-Jabbar. Milk Chamberlain. Larry Nerd. Steph Blurry. El pívot de 2.08 metros llega a la ciudad de las estrellas con un arsenal de motes que ya pesan más que su propia estadística. Y eso que sus números no son menores.

Detalles del contrato y expectativas con Los Ángeles Lakers

El espigado jugador de 22 años, disputó sus dos primeras temporadas universitarias en Indiana State, donde fue nombrado integrante del equipo All-Freshman de la Missouri Valley Conference en 2023 y del primer equipo All-Conference en 2024. Allí, bajo la tutela de Josh Schertz, comenzó a forjar una leyenda que trascendía los tableros.

Porque Ávila no es el atleta que vuela por encima del aro. No es el que impone con saltos ni con fuerza bruta.

Es el que se planta en la pintura con unas gafas que parecen sacadas de los años 80, el que maneja el balón como si fuera un base y el que mira a sus compañeros antes de mirar al aro.

Su juego, pausado pero efectivo, le valió el apodo del Jokić Universitario. Y aunque la comparación es desmesurada, en el fondo hay algo de verdad, pues Ávila entiende el baloncesto como pocos.

Desde Billikens

Cuando Schertz dejó Indiana State para tomar las riendas de Saint Louis, Robbie no lo dudó. Siguió a su entrenador a través del portal de transferencias y se vistió con la camiseta de los Billikens. En dos temporadas allí, promedió 14.9 puntos, 5.6 rebotes y 4 asistencias por partido.

Fue segundo equipo All-Atlantic 10 en 2024-25 y, en su última campaña, se alzó con el primer equipo y el premio al Jugador del Año de la conferencia.

Pero si algo distingue a Robbie es su capacidad para generar sonrisas. Su aparienciagafas redondas, complexión terrenal, movimiento pausado— ha sido la musa perfecta para que los aficionados del baloncesto se enamoren de un héroe fuera de lo convencional.

El contrato Exhibit 10 que firmó con los Lakers le garantiza un salario mínimo no garantizado por un año, con bonificaciones opcionales de hasta 75 mil dólares si es despedido y pasa al menos 60 días con el equipo afiliado de la G League. 

Si convence en el campamento de entrenamiento, ese acuerdo puede convertirse en un contrato dual. Y si logra quedarse en la plantilla de 15 jugadores, su salario se convertirá en un contrato mínimo estándar.

En su última temporada en Saint Louis, Avila promedió 12.8 puntos, 4.5 rebotes, 4.1 asistencias y 1.9 triples por partido, con un 41% de acierto desde la línea de tres puntos. Su capacidad para abrir la cancha y su visión de juego lo convierten en un candidato ideal para el sistema de los Lakers, que siempre han valorado a los jugadores inteligentes y versátiles.

No es el elegido. No es el número uno. Tampoco el que encabeza los titulares de los grandes medios. Pero Robbie Ávila llega a Los Ángeles con algo que no se compra ni se entrena: una identidad propia.

Y en una ciudad que vive de las apariencias, quizá sea precisamente eso lo que lo haga inolvidable.

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