Entre camisetas de selecciones, aficionados de todos los rincones del planeta y la fiebre que rodea al Mundial 2026, un pequeño pato se ha robado los reflectores. Se llama Merlín, y sólo con portar una playera de la Selección Mexicana se ha convertido en una de las figuras más queridas de la fiesta futbolera.
Acompañado por Carla Gómez, Cristian y el resto de su familia, Merlín recorre las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México como si fuera una celebridad. Las cámaras lo siguen, los turistas lo reconocen y los aficionados hacen fila para tomarse una fotografía con él.
Un integrante más de la familia
Para sus dueños, Merlín no es una mascota, sino un miembro más del hogar. "Es parte de nuestra familia", cuenta Carla mientras observa al pato caminar con sus pequeñas calcetas protectoras.
Lejos de la imagen improvisada que muchos imaginan, Merlín tiene una rutina cuidadosamente planeada. Acude dos veces al año con un veterinario especializado en aves, recibe pedicure para mantener sanas sus patas y sigue una alimentación balanceada que incluye fruta, verduras, alimento especial para pato, grillos y charales.
Incluso tiene gustos particulares. Los domingos, como premio, disfruta un pequeño taco de carnitas.
Un gamer y compañero de juego
Aunque miles de personas creen que Merlín pasa los días recorriendo la ciudad, la realidad es distinta. Entre semana permanece en el negocio familiar mientras Cristian (su hermano, por así decirlo) asiste a clases.
Cuando su compañero humano regresa, ambos comparten tiempo de juego. Sí, Merlín también es gamer.
Según relata su familia, disfruta acompañar a Cristian mientras juega videojuegos, convirtiéndose en un espectador habitual de las partidas.
Los fines de semana son otra historia. Entonces sale a pasear por calles de la colonia Juárez, la Alameda Central y diversos puntos del corazón de la capital, donde ya es ampliamente reconocido.
El homenaje de la FIFA
La popularidad de Merlín llegó tan lejos que incluso llamó la atención de la FIFA.
La familia fue invitada a un encuentro con representantes del organismo futbolístico, quienes recibieron al pato con un gesto que difícilmente olvidarán: le realizaron un pasillo de homenaje.
"Fue algo muy emotivo", recuerda Carla. "Cuando mi hijo me explicó el significado, casi me pongo a llorar. Le hicieron un homenaje a Merlín sin ser jugador".
El gesto consolidó la imagen del ave como la "mascota no oficial" del Mundial, un título otorgado espontáneamente por miles de usuarios en redes sociales.
Fama internacional
La historia del pato mexicano ya cruzó fronteras. Medios de Reino Unido, Brasil, Chile, Colombia y otros países han buscado entrevistar a la familia para conocer al peculiar personaje.