El francés fue quien sostuvo el peso de la función y quien salió reforzado de una cita en la que el toro volvió a faltar a su compromiso

Fotos: Manolo Briones
El francés fue quien sostuvo el peso de la función y quien salió reforzado de una cita en la que el toro volvió a faltar a su compromiso

Por: Natalia Pescador
MADRID.- Madrid volvió a responder. Las Ventas colgó por decimosexta vez en la temporada el cartel de "No hay billetes", en el vigésimo cuarto festejo del abono. La plaza presentó el aspecto de las grandes ocasiones, pero la corrida de Juan Pedro Domecq, completada con un sobrero de Montalvo, se quedó muy lejos de la expectación generada.
Faltó fuerza, faltó emoción y, sobre todo, faltó toro. En medio de un espectáculo que caminaba hacia la irrelevancia, fue Clemente quien sostuvo el interés de la tarde y quien terminó llevándose el reconocimiento de Madrid después de una actuación de entrega y firmeza coronada por una dramática voltereta.
Abrió plaza "Maltrecho", de 558 kilos. Nombre premonitorio para un toro descompuesto, áspero y de pobre condición. Embistió siempre a media altura, agarrado al piso y sin recorrido. Uceda Leal poco pudo hacer más allá de administrar una lidia de trámite ante un animal imposible de construir. Abrevió con buen criterio.
La falta de fuerza del segundo obligó a devolverlo a los corrales. Salió entonces el sobrero de Montalvo, "Encanto", de 580 kilos, para Clemente. El francés confirmó desde el inicio el excelente momento que atraviesa.
Muy firme, muy asentado y con un concepto clásico, buscó las teclas de un toro repetidor pero falto de transmisión. Bajó la mano, intentó llevarlo largo y gobernado, pero nunca encontró la respuesta necesaria para que aquello llegara al tendido. La voluntad quedó por encima de la emoción.
El tercer toro, "Alférez", permitió a Pablo Aguado dejar un vistoso quite por chicuelinas que despertó por unos instantes a una plaza adormecida. Fue quizá el momento más brillante de su tarde. Después, ya con la muleta, el sevillano inició la faena con algunos muletazos a pies juntos por el pitón derecho, buscando imprimir su sello de suavidad y estética.
Todo quedó en detalles aislados. La obra nunca tomó vuelo y los aceros terminaron por emborronar cualquier posibilidad de premio.
Uceda volvió a dejar patente su buen gusto con el capote en el recibo al cuarto, "Baluadero", de 545 kilos. Fueron lances templados y sentidos que encontraron eco en los tendidos. También destacó un ajustado quite de Clemente, muy celebrado por el público.
El toro de Juan Pedro tuvo nobleza y un interesante pitón izquierdo, aunque duró muy poco. Perdió las manos pronto y se fue apagando conforme avanzaba la faena. Uceda dejó algunos naturales de mérito, pero sin llegar a redondear una labor que terminó diluyéndose con la condición menguante del animal.
Quedaba el quinto, y con él el momento de la tarde. Clemente se fue a la puerta de chiqueros para recibir a "Soldador", de 559 kilos, a porta gayola. Declaración de intenciones. La corrida había ofrecido muy poco y el francés decidió jugarse el tipo para cambiar la dinámica. Después llegó una faena construida desde la inteligencia y el valor.
El toro exigía mucho más de lo que daba. Por el pitón derecho permitió algunos muletazos de gran poder y mando. Por el izquierdo asomó un peligro sordo, de esos que obligan a no perder nunca la colocación. Clemente entendió perfectamente al animal, se impuso a sus dificultades y terminó imponiendo también su autoridad.
Cuando parecía haber encontrado el camino del triunfo llegó el momento de máxima tensión. El toro lo prendió de manera violenta en una cogida escalofriante que heló los tendidos. Las imágenes hicieron temer una lesión de extrema gravedad. El torero fue trasladado inmediatamente a la enfermería mientras la plaza contenía la respiración.
Afortunadamente, el parte médico rebajó la preocupación inicial: no sufrió cornada y fue atendido de una luxación de codo izquierdo. Tras la reducción e inmovilización con férula fue trasladado al Hospital Fraternidad-Muprespa Habana para estudio radiológico.
Con la tarde ya marcada por el percance, salió el sexto, "Roncador". Pablo Aguado intentó encontrar algún resquicio artístico frente a un toro deslucido, sin entrega y sin emoción. Apenas humilló ni permitió continuidad alguna.
El sevillano dejó algunos destellos de su refinado concepto, pero volvió a marcharse de puntillas por Madrid, sin terminar de justificar las enormes expectativas que siempre despierta su presencia.
Al final, el balance dejó una conclusión evidente. La afición respondió llenando la Monumental por decimosexta vez este año, pero la corrida de Juan Pedro Domecq decepcionó profundamente por su falta de raza, fuerza y transmisión.
Apenas algunos detalles capoteros de Uceda, algún apunte estético de Aguado y, sobre todo, la firmeza y la verdad de Clemente evitaron que la tarde se hundiera definitivamente en el olvido.
Fue el francés quien sostuvo el peso de la función y quien salió reforzado de una cita en la que el toro volvió a faltar a su compromiso.