Manuel Escribano firmó la actuación más completa de la tarde ante un encierro complicado de Rancho Seco que exigió oficio y paciencia.

Fotos: Jorge Vargas
Manuel Escribano firmó la actuación más completa de la tarde ante un encierro complicado de Rancho Seco que exigió oficio y paciencia.

Por: Natalia Pescador
Cinco Villas celebró los quinientos años de la tauromaquia en México con una corrida en la que faltaron las orejas, pero no el contenido.
Manuel Escribano firmó la actuación más redonda de la tarde, mientras Luis David y Leo Valadez se marcharon con el premio escapándose por el acero ante un encierro de Rancho Seco que obligó a los tres espadas a tirar de oficio y paciencia.
La plaza registró una gran entrada para una conmemoración planteada con seriedad y cuidada en sus formas. El festejo tuvo en Manuel Escribano a su principal argumento. El sevillano no terminó de acoplarse de salida con el primero de su lote, que punteó el capote y marcó pronto sus complicaciones.
En banderillas compartió tercio con Luis David y Leo Valadez, dando variedad a un inicio de lidia que necesitaba impulso. Con la muleta tuvo que insistir hasta meter al toro en la faena. Lo hizo sin brillantez excesiva, pero con oficio, tirando de recursos ante una embestida incómoda. Mató sin limpieza definitiva y escuchó palmas tras aviso.
Con el cuarto llegó su momento más completo. Escribano lo recibió con mayor temple, colocó banderillas en solitario y planteó una faena de firmeza, apoyada en la quietud y en el mando.
El toro permitió más y el torero lo aprovechó mejor, dejando muletazos largos, algunos de trazo muy despacio, especialmente cuando pudo correr la mano sin forzar la ligazón. La estocada, entera aunque tendida, provocó una petición que la presidencia no concedió. Dio una vuelta al ruedo de peso, la única de la tarde.
Luis David tuvo una tarde cuesta arriba. Su primero apuntó opciones en los primeros tercios, pero llegó muy venido a menos a la muleta después de una pelea exigente en varas.
El torero de Aguascalientes tuvo que ponerlo todo: colocación, paciencia y firmeza para arrancarle muletazos sueltos a un animal que se apagó demasiado pronto. La faena tuvo más mérito que lucimiento y la espada tampoco ayudó.
El quinto tuvo recorrido, aunque escasa transmisión. Luis David lo saludó con gusto y dejó un quite por gaoneras de buen aire antes de una faena medida, correcta, sin llegar a romper en los tendidos.
El toro se fue diluyendo y el mexicano sostuvo la labor con técnica. La estocada fue de efectos rápidos, pero el premio no tomó cuerpo.
Leo Valadez se encontró con el viento en el tercero, un enemigo añadido que dificultó el manejo de la muleta. Aun así, no renunció a construir faena y logró pasajes de buen pulso cuando consiguió sujetar las embestidas.
Hubo disposición, temple por momentos y una clara intención de no dejar pasar al toro. La espada le cerró la puerta a una posible oreja.
Con el sexto firmó sus mejores momentos. Valadez encontró mayor claridad al natural y toreó con más asiento, dejando series de buen trazo por el pitón izquierdo.
La faena tuvo expresión, especialmente cuando bajó la mano y acompañó la embestida con mayor largura. Pero volvió a fallar en la suerte suprema y el festejo terminó sin trofeos, aunque con una ovación que reconoció su esfuerzo.
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