San Juan del Río reivindica la fiesta con un doble triunfo

Uriel Moreno "El Zapata" y Paola San Román salieron a hombros tras cortar dos orejas cada uno

Los toreros dieron lo mejor de sí en una tarde que estuvo riesgo nuevamente por los amparos contra la tauromaquia. Foto: Manolo Briones
Los toreros dieron lo mejor de sí en una tarde que estuvo riesgo nuevamente por los amparos contra la tauromaquia. Foto: Manolo Briones

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SAN JUAN DEL RÍO.- La tarde en San Juan del Río enno empezó con el paseíllo. Comenzó días antes, en los juzgados. El amparo que puso en riesgo la celebración de la corrida convirtió el festejo en mucho más que un acontecimiento taurino.

Cuando finalmente el despeje dio paso al desfile de cuadrillas, lo que se respiraba en la plaza era también una reivindicación silenciosa. La afición respondió. Los tendidos presentaron una notable entrada y, durante seis toros, defendieron con su presencia una fiesta que en México sigue librando batallas fuera del ruedo.

Barralva lidió un encierro de juego desigual, pero con ejemplares que permitieron construir dos triunfos de distinto sello. Uriel Moreno "El Zapata" y Paola San Román salieron a hombros tras cortar dos orejas cada uno, en una tarde donde el toreo volvió a encontrar argumentos frente a la incertidumbre jurídica que lo rodea.

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Tarde de San Juan del Río.
Fotos: Manolo Briones

El primero, "Libertad", pareció elegido hasta por el nombre para abrir una jornada cargada de simbolismo. No fue un toro sencillo. Se quedaba a medio viaje, obligando a Uriel Moreno a recurrir a la experiencia y al oficio.

El tlaxcalteca edificó una labor basada en el mando y la colocación, robando muletazos de mérito allí donde el animal apenas entregaba medias embestidas. La espada le cerró la puerta de un trofeo, pero dejó sembrada la actitud que definiría su tarde.

José Mauricio encontró después un panorama todavía más cuesta arriba. "Comadroso" fue un toro deslucido, huidizo, sin intención de emplearse. El capitalino apostó por la variedad capotera y por una faena de disposición absoluta, pero la escasa colaboración del astado terminó por diluir sus opciones. 

La primera explosión de la tarde llegó con la torera de casa. Paola San Román entendió desde el recibo capotero que "Cultura" ofrecía posibilidades. El público, entregado desde el principio, recibió con entusiasmo un brindis cargado de significado.

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Tarde de toros en San Juan del Río.
Foto: Manolo Briones

La queretana comenzó a construir una faena templada, asentada sobre el pitón derecho, donde aparecieron los muletazos más largos y ligados de su actuación. El izquierdo también encontró claridad y ritmo, permitiendo a Paola mostrar una versión madura y serena.

La espada, sin embargo, le negó el premio, reduciendo todo a una ovación desde el tercio que supo a poco.

Pero la tarde todavía guardaba sus capítulos decisivos

Con "Tradición", El Zapata cambió definitivamente el rumbo del festejo. Fiel a su personalidad, tomó los palos y encendió la plaza con un espectacular Par Monumental que levantó a los tendidos.

A partir de ahí, el toro permitió una faena de creciente intensidad por el pitón derecho, donde el matador alargó el trazo, imprimió variedad y volvió a demostrar esa capacidad tan personal para conectar con el público. El acero cayó con eficacia y las dos orejas encontraron amplio respaldo en una plaza entregada.

José Mauricio recuperó sensaciones frente al quinto, un toro sin apenas opciones. "Y si, sí" se aferró al piso, desarrolló escasas embestidas y terminó incluso por prender al torero, afortunadamente sin consecuencias graves. Lejos de venirse abajo, Mauricio impuso poderío y firmeza para terminar arrancando una oreja de enorme esfuerzo, más conquistada que concedida.

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Tarde de toros en San Juan del Río.
Foto: Manolo Briones

Quedaba el cierre. Y también el broche

El sexto llevaba por nombre "500 años", una referencia inevitable al aniversario de la tauromaquia en México. Paola San Román asumió el simbolismo y firmó la obra más completa de su actuación. Encontró el lucimiento por el pitón derecho con series de calidad, temple y profundidad que hicieron crecer la emoción conforme avanzaba la faena.

Hubo limpieza en el trazo, naturalidad en la interpretación y una conexión evidente con unos tendidos que ya vivían entregados. El pinchazo previo no impidió que la estocada posterior rubricara una actuación premiada con dos orejas.

San Juan del Río volvió a celebrar toros después de superar una semana de incertidumbre judicial. Y quizá ese sea el principal mensaje que dejó la tarde.

La respuesta de la afición confirmó que, pese a los obstáculos legales y al clima de permanente discusión que rodea a la tauromaquia mexicana, siguen existiendo plazas capaces de llenarse cuando hay motivos para creer.

El triunfo artístico de "El Zapata" y Paola San Román puso la firma a una corrida cuyo mayor éxito, probablemente, fue haber podido celebrarse.

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