Sólida tarde mexicana en la semifinal del Certamen de la Comunidad de Madrid

Santiago López Ortega se impuso en la tercera semifinal del Circuito de Novilladas de la Comunidad de Madrid con una faena marcada por la determinación y entrega pese a las dificultades del ganado.

Fotos: Emilio Méndez
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Villarejo de Salvanés.- La tercera semifinal del Circuito de Novilladas de la Comunidad de Madrid dejó una lectura especialmente relevante para la afición mexicana.

En una tarde marcada por las dificultades que presentó la novillada de Hermanos Sandoval, tres nombres aztecas lograron sobresalir en uno de los escaparates más importantes de la temporada para los jóvenes toreros: Santiago López Ortega, Ignacio Garibay y Juan Pablo Ibarra.

El certamen madrileño, convertido en referencia para la formación y promoción de nuevos valores, volvió a poner a prueba algo más que el valor. Exigió capacidad para resolver problemas, inteligencia para entender a los animales y personalidad para imponerse cuando las embestidas no acompañaban. Y precisamente ahí apareció la impronta mexicana.

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Fotos: Emilio Méndez

La tarde encontró en Santiago López Ortega a uno de sus grandes triunfadores. Desde que se marchó a la puerta de chiqueros para recibir al cuarto novillo a portagayola quedó claro que su planteamiento no admitía medias tintas.

La larga cambiada de rodillas encendió los tendidos y marcó el tono de una actuación presidida por la determinación.

Con la muleta mantuvo esa misma actitud. Inició de rodillas en los medios y desde el primer momento buscó llevar la iniciativa. Encontró recorrido por el pitón derecho, dotando de ritmo y ligazón a una faena que fue creciendo en intensidad.

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Fotos: Emilio Méndez

Cuando tomó la izquierda aparecieron pasajes de mayor profundidad, obligando al novillo a recorrer más terreno y conduciendo la embestida con temple y firmeza.

La conexión con los tendidos fue inmediata. Los olés acompañaron varias tandas de mérito y la sensación de entrega absoluta se multiplicó cuando sufrió una violenta voltereta. Lejos de acusar el percance, regresó a la cara del novillo para completar los momentos más importantes de la faena.

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Fotos: Emilio Méndez

Aquella determinación terminó encontrando recompensa en forma de oreja tras una actuación de peso que lo mantiene plenamente en la pelea por el circuito.

Si Santiago aportó el triunfo, Ignacio Garibay dejó probablemente la faena de concepto más depurado entre los mexicanos. Su actuación estuvo presidida por la serenidad, el temple y una idea muy clara del toreo. Desde los primeros compases mostró un sentido del ritmo poco habitual en un novillero que aún transita la etapa de formación.

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Fotos: Emilio Méndez

Comenzó su labor genuflexo antes de asentarse en los medios para construir una obra basada en la suavidad de los toques y la limpieza de los muletazos. Sobre el pitón derecho logró los momentos de mayor continuidad, llevando siempre muy cosida la embestida y administrando con inteligencia las condiciones del novillo.

Garibay entendió perfectamente cuándo exigir y cuándo cuidar. Encontró también pasajes de calidad al natural y terminó componiendo una actuación llena de matices, en la que destacaron la verticalidad, la quietud y una torería que aflora de manera natural.

No obtuvo trofeo, pero sí dejó una de las impresiones más sólidas de la tarde, refrendando el crecimiento que viene mostrando durante toda la temporada.

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Fotos: Emilio Méndez

La terna mexicana se completó con Juan Pablo Ibarra, encargado de cerrar el festejo frente a uno de los ejemplares más complejos del encierro. Su apuesta fue igualmente rotunda desde el inicio.

Dos faroles de rodillas a portagayola dieron paso a un saludo lleno de expresión y a un comienzo de faena que puso a la plaza en tensión desde el primer instante.

Sin embargo, pronto quedó patente que el novillo exigiría mucho más esfuerzo que lucimiento. Falto de entrega y moviéndose a base de arreones, obligó al mexicano a desarrollar una labor de enorme firmeza. Ibarra comenzó de rodillas sin apenas tanteos y después construyó una faena basada en la paciencia y la capacidad técnica.

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Fotos: Emilio Méndez

Sobre la mano derecha encontró algunos momentos estimables, pero fue especialmente al natural donde quedó patente la dimensión de su esfuerzo. El novillo planteó un constante tira y afloja, amenazando continuamente con descomponerse o buscar refugio en tablas.

Juan Pablo, lejos de desistir, insistió una y otra vez, corrigiendo trayectorias, esperando las embestidas y tratando de dar forma a una faena donde prácticamente todo lo puso él.

La tarde terminó con el reconocimiento de los tendidos hacia una actuación tan esforzada como meritoria.

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Fotos: Emilio Méndez

En una semifinal donde muchos novillos pusieron a prueba la capacidad de los toreros para sobreponerse a las dificultades, México encontró motivos sobrados para el optimismo.

Santiago López Ortega confirmó su candidatura al triunfo del certamen, Ignacio Garibay volvió a exhibir un concepto de gran madurez y Juan Pablo Ibarra mostró una firmeza admirable ante el novillo más ingrato.

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