El rostro de Claudia Sheinbaum se iluminó y sus ojos expresaron una ternura inusual en la Mañanera del Pueblo al responder la pregunta de una pequeña reportera. El tono técnico de la conferencia fue interrumpido por la curiosidad genuina de niñas y niños que preguntaron sin rodeos, con esa mezcla de timidez y valentía que sólo aparece cuando el micrófono queda a la altura del pecho.
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“¿Tú quieres pedir la palabra?”, se escuchó desde el templete, y el salón se reacomodó para una entrevista improvisada donde Julián fue el primero en presentarse para preguntar cuál sería el mensaje presidencial para el regreso a clases, lo que abrió la puerta a una respuesta de tono familiar, con anuncios de apoyo escolar y un deseo repetido tres veces: “que las niñas y los niños de México sean felices, se sientan queridos y crezcan con cariño”.
—¿Qué te trajeron los Reyes?— preguntó Ivana, quien anunció que haría dos preguntas.
—Ah, a ustedes el día de hoy, la alegría de la mañanera hoy— respondió Sheinbaum.
Ivana lanzó la segunda pregunta incómoda, la que todos esperaban: “¿Por qué quitaste los dulces?”, detonando una explicación directa de la presidenta sobre la salud, la diabetes y la necesidad de que la escuela sea un espacio de comida saludable, mientras los dulces quedaron relegados al ámbito del hogar y la supervisión familiar.
A todas las niñas y niños que acompañaron a la mandataria, la presidenta les regaló un concierto de son, además de sorprenderlos con la llegada de los tres Reyes Magos, quienes repartieron juguetes a las infancias que accedieron al Palacio Nacional.
La escena cerró con un giro festivo cuando, ante las miradas atentas de los pequeños, la presidenta Sheinbaum ofreció un concierto de son como regalo por la celebración del Día de Reyes Magos, transformando el Salón de la Tesorería en un espacio de música, palmas y sonrisas.
Luego de la música, la sorpresa prometida llegó con la aparición de los tres Reyes Magos en Palacio Nacional, quienes repartieron juguetes a las niñas y los niños presentes, mientras el murmullo se convertía en expectación y alegría, una postal inusual donde la liturgia política cedió terreno a la tradición popular y al imaginario infantil que marca cada 6 de enero.
El encuentro concluyó con la partida de la rosca, compartida entre la presidenta y los asistentes a la conferencia. Antes, Sheinbaum hizo un breve recuento de las acciones gubernamentales en favor de la niñez, desde educación y desayunos escolares hasta salud y espacios deportivos.




