El arte del rejoneo brilló en el Festival Taurino en honor a Jorge Hank Rhon

En un evento que combinó la tradición ecuestre con la celebración personal, se llevó a cabo el Festival Taurino de Nirvana en honor al Ingeniero Jorge Hank Rhon



Fotos: Manolo Briones

Con un ambiente de tradición y celebración, se llevó a cabo el Festival Taurino de Nirvana, en honor al Ingeniero Jorge Hank Rhon, quien celebró un año más de vida en un festejo que, aunque de carácter privado, alcanzó dimensiones de auténtico acontecimiento taurino por la calidad artística exhibida y la relevancia de sus protagonistas. El cartel, compuesto por representantes de tres naciones profundamente ligadas al arte del rejoneo —Portugal, México y España—, dio como resultado una tarde relevante.

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El rejoneo, expresión singular del toreo a caballo, volvió a demostrar su fuerza como manifestación cultural que trasciende fronteras y generaciones. En esta ocasión, la comunión entre caballo, jinete y toro fue el hilo conductor de una tarde en la que se exaltó la técnica, el valor y la estética de una disciplina que une tradición, emoción y dominio absoluto.

Abrió el festejo Pablo Hermoso, quien enfrentó a un ejemplar de Los Encinos al que paró con gran maestría desde los primeros instantes. Con temple y mando, el rejoneador marcó el ritmo de la faena, imponiendo condiciones y mostrando el oficio que lo ha convertido en referente mundial. En banderillas, desplegó un auténtico manual del toreo a caballo: toreo de costado, pulso firme y una conducción precisa de la embestida, manteniendo siempre en su mando el son uniforme del astado. La faena tuvo estructura, profundidad y emoción, culminando con un rejonazo certero que le permitió cortar los máximos trofeos ante la ovación del público.

El segundo de la tarde, “Orgulloso”, de Zacatepec, correspondió a Paco Velásquez, quien firmó una actuación de gran equilibrio entre precisión técnica e intensidad emocional. Desde los primeros compases, dejó constancia de su capacidad con cites frontales y quiebros a caballo parado que encendieron los tendidos. La faena fue creciendo en emoción conforme se metió en terrenos de máxima exigencia, toreando por la cara, con cercanía a los pitones y una limpieza en la ejecución que dio brillo al conjunto. Cerró con banderillas cortas y acertó con el rejón de muerte, redondeando una labor sólida y de gran exposición.

El tercero, también de Los Encinos, fue para Guillermo Hermoso de Mendoza, quien enfrentó a un toro con menor empuje y transmisión. Lejos de conformarse, el joven rejoneador apostó todo, mostrando solvencia, técnica y una entrega absoluta. Pisó terrenos comprometidos, se metió con decisión y logró arrancar emociones donde parecía que al toro le faltaban. El cierre fue intenso, destacando las banderillas cortas y un par a dos manos que levantaron al público de sus asientos. Culminó su actuación con el corte de dos orejas, premio a su insistencia y determinación.

La representación portuguesa llegó de la mano de Vasco Veiga, quien lidió un ejemplar de Zacatepec. Ofreció un toreo elegante, sustentado en una gran doma y un profundo sentido del temple. Desde la salida se mostró firme y temerario, templando tras el primer rejón de castigo y entendiendo la franca embestida del toro. En banderillas, imprimió emoción y sentimiento, con precisión y armonía en cada ejecución. El triunfo se le escapó con el rejón de muerte, pero su actuación fue reconocida con una clamorosa vuelta al ruedo, reflejo del reconocimiento del público.

Cerró plaza “Seductor”, número 30, de Los Encinos, para Alejandro Hank Amaya, quien firmó una faena de alto nivel artístico. Toreó de costado, aprovechando la nobleza y la franqueza de las embestidas, imponiendo un ritmo único basado en la paciencia, la exposición y la inteligencia. Redujo espacios en banderillas con gran criterio, destacando especialmente en las banderillas cortas, donde mostró temple y precisión, sin obligar al toro, esperando y guiando cada embestida. Un rejón certero puso el broche de oro a una actuación redonda, recompensada con dos orejas y rabo.

Así, el Festival Taurino en honor al Ingeniero Jorge Hank Rhon concluyó como un festejo de gran significado, no solo por la celebración personal que le dio origen, sino por la calidad artística mostrada y por reafirmar al rejoneo como un lenguaje universal que une culturas, países y sensibilidades.