La autollamada oposición comete un error estratégico en el debate de la reforma electoral al centrar su defensa en los plurinominales.
No es lo mismo defender un mecanismo impopular que defender el principio democrático de la representación de todas las fuerzas políticas. Al confundir ambos planos, la oposición se coloca del lado equivocado de la historia y le regala a Morena una bandera que no le pertenece.
Ahí están los datos. Diversas encuestas muestran que la mayoría rechaza a los pluris. La percepción dominante es que no hacen campaña, no rinden cuentas y llegan al Congreso por acuerdos de cúpula. Defender esa figura, tal como existe hoy, es políticamente inviable.
Pero eliminarla sin alternativa también lo es.
ORIGEN DEL PROBLEMA
Los plurinominales surgieron en México para corregir un problema real. Durante décadas, un sistema mayoritario excluía del Congreso a millones de votantes cuyos partidos no ganaban distritos. La representación proporcional permitió que minorías políticas tuvieran voz legislativa.
Ese objetivo sigue siendo válido. Lo que está agotado es el mecanismo específico con el que se cumple.
Hoy, las listas cerradas y bloqueadas concentran el poder en las dirigencias partidistas. Premian lealtades internas, no votos ciudadanos. Ese diseño explica por qué la figura es rechazada socialmente, aunque el principio que la sustenta sea indispensable para cualquier democracia.
LA CONFUSIÓN
La oposición decidió defender los plurinominales. El mensaje que mandan es que sin esa figura no puede competir. Eso proyecta debilidad y resignación.
En lugar de defender espacios para legisladores, debería defender que todos los votos cuenten. No es lo mismo proteger listas cerradas que exigir que millones de votos no queden sin representación.
Incluso dentro de la coalición gobernante han reconocido el dilema. Voces “rebeldes” admiten que eliminar la representación proporcional sin alternativa atenta contra las minorías. El problema es que la oposición no ha tomado la iniciativa para proponer un modelo distinto.
LA DEFENSA
El debate correcto no es plurinominales sí o no. El debate es cómo garantizar representación democrática con legitimidad ciudadana.
Una idea es la boleta separada para representación proporcional, como ocurrió en México entre 1979 y 1985. Los ciudadanos votaban explícitamente por listas, obligando a los candidatos a hacer campaña y ganar votos. Eso puede dar legitimidad directa.
Otra opción son las listas abiertas, donde el elector decide qué personas entran al Congreso, no sólo qué partido. Este modelo reduce el poder de las cúpulas.
También existe el esquema de mejores perdedores, donde los espacios proporcionales se asignan a candidatos con alta votación distrital. Así se representa a minorías reales.
Modelos mixtos, como el alemán, combinan representación local y proporcional sin listas opacas. Son sistemas probados y estables. Ideas sobran; lo que faltan son ganas de buscarlas.
EL COSTO DE NO CAMBIAR
Al negarse a debatir alternativas, la oposición queda atrapada defendiendo una figura que la mayoría rechaza. Morena aprovecha esa posición para presentarse como reformador, aunque su intención sea concentrar poder.
La oposición debería disputar el terreno democrático, no regalarlo. Defender la representación sin defender los plurinominales tal como existen es posible y congruente.
Si la oposición quiere recuperar credibilidad, debe dejar de proteger mecanismos desgastados y empezar a defender principios con propuestas claras.
EL DATO INCÓMODO
Morena tiene congelada una reforma constitucional de salarios dignos para trabajadores públicos y privados ya aprobada por unanimidad. Sólo falta publicarla. No lo hace por su costo: 40 mil millones de pesos al año. Prometer no empobrece, cumplir sí.


