Tras más de 50 años de carrera como luchador, el legendario Daniel López ‘El Satánico’ se despide del cuadrilátero en la función especial del CMLL (Consejo Mundial de Lucha Libre) Homenaje a Dos Leyendas.
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En exclusiva para Ovaciones, el ‘Rudo número uno’ nos cuenta parte de su vida como luchador, historias que lo rodean, el por qué se convirtió en Infernal y la idea de decir adiós, la cual ya rondaba en su cabeza desde hace algún tiempo.
“El final hay que tomarlo como es, una lucha más, aunque se me salga una de cocodrilo. Trato de pensar en otra cosa porque te llegan todos los recuerdos. Cuando me reuní con los Infernales pensé: ‘¿Esto es todo mi trabajo? ¿Lo que he transmitido?’ Te impacta toda la nostalgia”.
Don Daniel reconoce que el momento de despedirse para un luchador es uno de los más importantes, “es mirar tu legado y recordar esas épocas gloriosas pero todo ello se da gracias a tres pilares; la familia, el respeto por tu trabajo y la afición”.
“Le agradezco a mi familia, a mi esposa porque perdí muchos momentos con mis hijos, pero si no lo hacía, se me iba a ir, era mi momento”, reconoce el veterano.
“Además a la familia Lutteroth que creyó en mí cuando pedí la oportunidad. ‘Si no revientas te me largas a Guadalajara’, me dijeron” recuerda entre risas. “Y a la afición porque sin el apoyo de la afición no existiría El Satánico”.

Inicios del ‘Infernal Mayor’
Daniel López es oriundo de Guadalajara, Jalisco, sitio donde a pesar de contar con una infancia pobre fueron sus sueños los que le ayudaron a salir adelante. Trabajaba en la granja familiar, ahí conoció a un extranjero que le mostró el mundo de la lucha libre.
Tras años de altibajos donde escondía que entrenaba lucha y después de ir aprendiendo de su mentor, ‘El Diablo Velazco’, Daniel López ‘El Satánico’ consiguió su primer objetivo, debutar como luchador profesional enmascarado en 1973, sin embargo, su tapa cayó al poco tiempo, en 1974 ante El Vengador.
Para muchos, perder la máscara al año de debutar es una sentencia de muerte profesional. Para Daniel López, fue el despegue de un cohete:
“Ya empezaba a llamar la atención. Si me dolió mi máscara, pero hay una cosa en la lucha libre, a veces la máscara estorba, y a veces la cara no te ayuda y te tienes que enmascarar; a mí me ayudó perderla ¿cómo? Fenómenos de la lucha. Sangre Chicana, Cien Caras, no pasaba nada con ellos. Satánico pierde la máscara y empezó más alto. Me dijeron, muchacho ¿qué te preocupa? la cara de rudo ya la tienes”.
Con esa caída escaló puestos en las carteleras y logró conseguir el campeonato Nacional de peso medio. Todo para cumplir por fin su más grande sueño, enfrentar a su ídolo:
“Mi primera salida fuera de México fue a Matamoros ya en plan estelarista. Llego a la arena y veo la cartelera en la pared y vi la carota de El Santo y dije órale, mi ídolo. Cuando se detiene el coche en el alto, pongo más atención. El Santo y Ringo Mendoza vs. Divino Roy y el nuevo campeón de Peso Medio, El Satánico. ¡Ahhh! Me impactó, soy yo y voy contra él”.
Recuerda con emoción esa primera vez donde después de recibir la mítica llave de ‘A Caballo’ le hizo responderle en la segunda caída y cumplir esa oportunidad de castigarlo: “Estoy azotando al Santo”.

El anhelado ascenso
El Satánico cuenta cómo fue creciendo en las diversas arenas de la antes llamada EMLL (Empresa Mexicana de Lucha Libre) ahora CMLL (Consejo Mundial de Lucha Libre), ahí existió un punto de inflexión, donde se aprovechó de su forma feroz de luchar, de su excelente técnica y de su gen de rudo ante los rivales y el público, pero le faltaba algo…
“Me dijo Roberto ‘Güero’ Rangel que llamaba mucho la atención, pero mi equipo estaba muy muerto, que buscara algo más para verme llamativo. Vi una revista de Mazinger Z y como disparaba la pistola, veo la flamita así y se me prende. Pregunté si podía ponérmelas en las mallas y así surgió. Con tan buena suerte que mira, Los Infernales salieron”.
Con el tiempo, El Satánico expandió parte de su rudeza con la tercia de Los Infernales y nuevas generaciones que fueron sus compañeros, amigos, alumnos y enemigos a la postre. El concepto fue parte de un boom en esa época de la lucha.
“A veces me ponían de capitán y les decía, pon a Averno, si no cómo te van a conocer; a la siguiente Mephisto, después a Último Guerrero. A todos les di la venia de capitán. Era para que la gente los conociera. Yo ya estaba hecho. Ese concepto Infernal fue un trampolín de varios elementos y el 90% fueron estelares. Fue una escuela y eso a la empresa le encantó”.
Como encomienda gracias a su técnica y gran forma de luchar, su faceta de profesor comienza de manera más recurrente a pedido de los altos mandos del CMLL. “Estar frente de los entrenamientos se lo debo a Alonso Lutteroth”.
El Satánico entrenó a nuevos elementos en su primera clase en la Arena Coliseo, dichos nombres eran nada más y nada menos que nombres como: Hijo del Santo, Villano III, Tinieblas Jr., Dos Caras Jr, Último Guerrero, Cien Caras, Universo.
“Me mandaron la crema y nata de la lucha. Ahí me gané el mote de maestro, busqué en ellos más garra y coraje y se cambió la dinámica de las luchas junto a mi jefe Alonso y todos mejoraron. Yo lo hice por gusto, por defender la lucha y por transmitirla como se debe… ¡Siéntela, vívela, quiérela!”, concluyó.


Foto: Aracely Martínez 


