Contexto
Aquella escena llena de sentimientos y emociones de la película Ghost, la sombra del amor; ella, y el espíritu de él, en sintonía forman una pieza de barro, una creación cuasi perfecta en la que el espectador se envuelve y capta la esencia de los sentimientos que tal escena quiso transmitir, utilizando todo un equipo de fotografía, edición, audio y muchos técnicos más, para lograr ese momento perfecto de aquella película.
Así, esa esencia se pierde mientras seguimos tratando de definir el concepto de inteligencia artificial y convertirlo en políticas públicas, cuando ya están sobre la mesa los siguientes desafíos: la inteligencia irregular, inteligencia aumentada, inteligencia generativa, inteligencia agéntica, inteligencia empática, la inteligencia de dominio específico y la inteligencia biodigital.
¿Quién define qué es cultura en un entorno donde las máquinas también crean?
La convergencia de inteligencias y el rediseño de la creación cultural
Durante años, la creación cultural orbitó en torno al individuo y hoy ese centro se ha desplazado hacia un espacio híbrido entre datos, algoritmos y una interpretación de la experiencia humana. En industrias como el cine o la música, esto ya no es hipótesis, sino realidad que impacta tiempos de producción, costos y hasta decisiones creativas; no así en todos los casos la emoción que se imprime en tal creación.
La inteligencia artificial es infraestructura con modelos entrenados por grandes volúmenes de datos para generar textos, imágenes o música en segundos. Esto abrió puertas a nuevos creadores, que caen en repetición en estilos y narrativas, como si el mundo creativo comenzara a hablar con acentos cada vez más parecidos, y sin distinción de identidades.
En este entorno surge la inteligencia irregular, como mezcla de intuición, memoria y contexto que no responde a reglas claras; y ahí es donde comienzan a nacer muchas ideas tecnológicamente “originales”. Sin embargo, cuando esa lógica se cruza con otros sistemas automatizados, aparecen tensiones, sobre todo en la forma en que se resguardan identidades locales frente a dinámicas globales, ya que el entrenamiento de la IA se realiza con los datos de toda la humanidad, no sólo los regionales. La inteligencia irregular permite reinterpretar símbolos, romper estructuras, introducir giros inesperados a través de imitación, sin crear algo nuevo, algo que previamente existiera.
Asimismo, las herramientas de inteligencia aumentada cambian la toma de decisiones creativas, como en la misma producción audiovisual, haciendo que los datos sobre audiencias pesen cada vez más e influyan en las decisiones que se cruzan entre la intuición y las métricas.
Disrupción, control narrativo y riesgos sistémicos
Los riesgos para la creación, como la conocemos, son altos, considerando que la inteligencia agéntica es un sistema capaz de actuar por sí mismo, mediante integración en procesos complejos, que podría resultar en cadenas completas de producción cultural parcialmente automatizadas.
Por otro lado, la inteligencia empática trabaja con plataformas digitales que utilizan señales emocionales para ajustar contenidos, para mejorar la experiencia del usuario, y surge la pregunta: ¿es legítimo diseñar experiencias tecnológicas que influyan en estados emocionales?.
La inteligencia biodigital tiene la posibilidad de vincular respuestas neuronales con experiencias culturales, lo cual sugiere un escenario en el que el arte se ajusta en función de cómo reacciona el cerebro, cambiando con ello las reglas básicas de creación.
Conclusión
El desafío es decidir las reglas de integración tecnológica con los sistemas presentes y futuros, en tanto transforman industrias y fundamentos desmesuradamente.
La propiedad intelectual aparece inevitablemente como dilema en la nueva forma de creación y su autoría, que ya está en discusión en muchos países y organismos internacionales, buscando evitar apropiaciones indebidas.
La soberanía cultural está en el mayor riesgo en un entorno donde sólo algunas empresas concentran capacidades tecnológicas, en tanto los países pueden optar por adoptar herramientas o quedarse atrás, cediendo sus narrativas a El ángel exterminador, en una cena imposible de abandonar.
¿Los sectores culturales mexicanos están preparados para competir en un entorno donde la tecnología redefine lo humano?








