El peso mexicano ronda hoy los 17 pesos por dólar, un nivel que no se veía desde hace varios años. A eso se le ha llamado “superpeso”. Por parte del partido gobernante esto se usa para defender el éxito de su política económica. Pero ¿es así?
Para empezar, es importante saber que México tiene un régimen de libre flotación desde 1994. Eso significa que el precio del dólar no lo fija el gobierno, sino el mercado, según la oferta y la demanda.
QUÉ LO MUEVE
De acuerdo con especialistas, hoy uno de los principales factores es la diferencia de tasas de interés entre México y Estados Unidos. El Banco de México mantiene la tasa en 7%, mientras la Reserva Federal de Estados Unidos se ubica entre 3.5% y 3.75%. Esa diferencia atrae inversiones en pesos, lo que fortalece la moneda.
También influyen las exportaciones, las remesas, el precio del petróleo y la percepción de riesgo país. Si entran más dólares de los que salen, el peso se fortalece.
Además, ha sido importante el segundo mandato de Donald Trump, quien ha impulsado políticas para fortalecer su industria nacional. Un dólar más débil les ayuda a exportar más. Y si el dólar pierde fuerza frente a otras monedas, el peso también se aprecia.
QUIÉN GANA Y QUIÉN PIERDE
Un peso fuerte tiene efectos positivos inmediatos. Lo que compramos de Estados Unidos se abarata. Productos electrónicos, maquinaria, insumos industriales y gasolina importada cuestan menos en pesos. Esto ayuda a contener parte de la inflación.
También favorece a quienes viajan al extranjero o pagan servicios en dólares.
Pero hay costos. Los exportadores reciben menos pesos por cada dólar que venden. Una empresa que exporta un millón de dólares recibe menos pesos si el tipo de cambio baja de 19 a 17.
Las remesas también pierden. En 2025 México recibió más de 61 mil millones de dólares en remesas. Cada dólar convertido a 17 pesos representa menos ingreso para millones de hogares que si fuera de 19 pesos.
En las finanzas públicas ocurre algo similar. Los ingresos petroleros de Pemex se calculan en dólares. Si el gobierno presupuestó un tipo de cambio promedio de 19.3 y el dólar se mantiene en 17, la conversión a pesos genera menores ingresos de lo previsto, lo que obliga a tapar ese boquete con recortes o más deuda pública. Aunque también se abaratan pagos de deuda en dólares.
NO ES UN TERMÓMETRO
El tipo de cambio no es bueno ni malo por sí solo. Es un precio, como el de la gasolina o el del kilo de tortilla. Cuando el peso está fuerte, a unos les conviene y a otros no. Cuando está débil, pasa lo contrario.
Hay que ver cómo impacta en el empleo, en los salarios, en los negocios y en las finanzas del gobierno. Como todo precio que se mueve libremente, sube o baja según lo que pase dentro y fuera del país. Y puede cambiar con la misma rapidez con la que hoy se celebra.
EL DATO INCÓMODO
La industria en México lleva dos años seguidos en retroceso. En 2025 cayó 1.3%, según datos del INEGI. Eso significa que fábricas, minas y plantas produjeron menos que el año anterior. La minería bajó 6.5% y las manufacturas también retrocedieron. Si la industria se frena, hay menos inversión, empleos y desarrollo en la economía. Y eso termina pegando en el bolsillo de las familias.



