Entre figuras monumentales y colores vibrantes, el colombiano Luis Alberto encontró en México un escenario ideal para compartir su pasión por los papalotes. Invitado a la séptima edición de Volarte, el festival de papalotes, en el Parque Intermunicipal ubicado en el pueblo mágico de San Andrés de Cholula, Puebla, explicó que aunque trabaja en seguridad electrónica, su verdadera pasión es el diseño de estas piezas que, para él, son “jugosos juguetes”.
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Algunos de los papalotes exhibidos alcanzan hasta 30 metros de altura. Crear uno propio puede tomarle entre un año y año y medio de diseño, y hasta tres meses más en su elaboración. El costo, detalló, oscila entre 20 mil y poco más de 50 mil pesos solo para desarrollar el diseño.

“Que se diviertan, que disfruten el momento y gocen lo que hacemos”, invitó el diseñador, quien destacó la calidez de la ciudad que hoy recorre por primera vez y cuya experiencia fue del 12 al 15 de febrero.
El ambiente familiar fue una constante entre los asistentes.
Fernando Ponce de León acudió con su familia ese fin de semana. “Es una experiencia muy padre, reviviendo mis épocas de niño junto con mis hijos”, compartió emocionado.

El festival, señaló, es accesible para todas las edades y brinda un entorno seguro donde grandes y chicos pueden convivir.
Volver a la niñez
Desde Puebla, Fernanda asistió por segundo año consecutivo. Para ella, volar un papalote es una experiencia que conecta con la infancia y deja recuerdos imborrables.

“Es algo que siempre se te va a quedar guardado con tus hijos, con tus hermanos, con tu mamá”, expresó.
Más allá del entretenimiento, considera que elevar un papalote simboliza metas y sueños.
“Creo que es algo muy bonito”, dijo, invitando especialmente a los jóvenes a que en la siguiente edición se sumen. “Que vengan, se la van a pasar muy divertido”.
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Durante varios días, el festival convierte el cielo en un lienzo de colores y figuras que despiertan sonrisas, unen generaciones y recuerdan que, a veces, basta con mirar al cielo para volver a ser niños.


Festival de papalotes. | Foto: Aracely Martínez / Ovaciones 


