México fue durante muchos años uno de los líderes mundiales en generación eléctrica geotérmica. La existencia de extensas zonas volcánicas permitió desarrollar proyectos que durante décadas aportaron energía firme y continua al Sistema Eléctrico Nacional. Aunque hoy la atención pública se concentra principalmente en la energía solar y eólica, la geotermia sigue siendo una de las fuentes renovables más valiosas para la operación estable de una red eléctrica moderna.
México dispone actualmente de cerca de 950 MW de capacidad geotérmica instalada. El campo de Cerro Prieto, en Baja California, concentra aproximadamente 570 MW y continúa siendo el mayor complejo geotérmico del país y uno de los más grandes del mundo. Le siguen Los Azufres, en Michoacán, con alrededor de 250 MW; Los Humeros, en Puebla, con cerca de 95 MW; Las Tres Vírgenes, en Baja California Sur, con aproximadamente 10 MW, y el proyecto privado Domo San Pedro, en Nayarit, con alrededor de 25 MW.
A pesar de su importancia técnica y operativa, la geotermia representa actualmente apenas alrededor del 1% de la capacidad instalada total del Sistema Eléctrico Nacional.
La energía geotérmica aprovecha el calor almacenado en el subsuelo terrestre. En ciertas regiones volcánicas, el agua subterránea alcanza temperaturas muy elevadas y puede convertirse en vapor capaz de mover turbinas eléctricas. A diferencia de la energía solar o eólica, cuya producción depende de las condiciones meteorológicas, una planta geotérmica puede generar electricidad las 24 horas del día con un factor de planta muy elevado.
Desde el punto de vista eléctrico, esto tiene una gran importancia. Las unidades geotérmicas convencionales utilizan turbinas síncronas similares a las de centrales hidroeléctricas o termoeléctricas. Eso significa que aportan inercia natural al sistema eléctrico y ayudan a amortiguar variaciones bruscas de frecuencia. En un entorno donde aumenta rápidamente la generación basada en inversores electrónicos, la geotermia conserva un valor operativo muy relevante.
Además, prácticamente no requiere combustibles fósiles ni produce emisiones significativas de carbono durante su operación normal. Esa combinación de continuidad operativa, estabilidad eléctrica y bajas emisiones explica por qué muchos especialistas la consideran una de las mejores energías renovables disponibles.
Sin embargo, existe una idea equivocada bastante difundida: creer que un yacimiento geotérmico produce indefinidamente sin deterioro. La realidad es más compleja.
Un campo geotérmico funciona gracias a un equilibrio entre temperatura, presión y disponibilidad de fluidos subterráneos. Cuando la extracción de vapor supera la capacidad natural de recuperación del yacimiento, la presión interna comienza a disminuir y la producción de los pozos puede degradarse gradualmente.
Esto significa que la energía geotérmica es renovable, pero no infinita ni automática. Su sustentabilidad depende directamente de la forma en que se administre el reservorio subterráneo.
La reinyección de fluidos constituye una de las herramientas más importantes para prolongar la vida útil de un campo geotérmico. Después de utilizar el vapor en las turbinas, parte del agua condensada puede reinyectarse al subsuelo para ayudar a mantener la presión del yacimiento.
Existe además un aspecto poco conocido fuera del ámbito técnico: la potencia instalada no necesariamente coincide con la potencia realmente disponible. Conforme envejecen los pozos y cambia el comportamiento del yacimiento, la producción efectiva de vapor puede disminuir, obligando a perforar pozos de reposición para sostener la capacidad original de generación.
Las nuevas tecnologías podrían abrir oportunidades interesantes en los próximos años. Los sistemas geotérmicos mejorados y las plantas de ciclo binario buscan aprovechar recursos de menor temperatura y ampliar las zonas potencialmente utilizables.
La transición energética moderna suele centrarse exclusivamente en megawatts instalados de energía solar y eólica. Sin embargo, conforme aumenta la penetración de fuentes intermitentes, comienza a ser evidente la importancia de las tecnologías capaces de aportar generación continua, estabilidad de frecuencia e inercia síncrona.
La discusión energética del futuro no debería limitarse únicamente a producir electricidad limpia. También será indispensable garantizar sistemas eléctricos estables y técnicamente robustos. Y en esa tarea, la energía geotérmica todavía tiene mucho que aportar.

RANCÉ 






