La difusión de un video de una mujer asoleándose en una ventana de Palacio Nacional se volvió viral hace unos días. Y la verdad, parecía un episodio menor frente a otras crisis del país, como el derrame en el golfo de México o el incendio reciente en Dos Bocas. Pero el caso terminó mostrando algo más relevante.
Expuso cómo funciona el aparato de propaganda del gobierno federal cuando necesita construir una contranarrativa rápida y dirigir el ataque contra quienes difunden información incómoda.
EL PRIMER VIDEO
La viralización del video provocó una respuesta casi inmediata de Infodemia, una plataforma del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano que se presenta como espacio de verificación. Ahí afirmó que el material era falso y que más del 71% del metraje había sido generado con inteligencia artificial.
Ese dato se presentó como certeza técnica, pero sin metodología transparente. No se explicó con claridad cómo se obtuvo ese porcentaje, ni se mostró una revisión reproducible. Eso demostró lo que realmente hace Infodemia, usar el lenguaje de la verificación para desprestigiar los datos y a quienes los difunden.
LA CAÍDA DEL DESMENTIDO
Poco después comenzaron a circular videos desde otros ángulos. Ese material tiró a la basura la idea de que todo era una fabricación digital. Además, medios y verificadores externos revisaron el desmentido de Infodemia y señalaron que tenía fallas de origen.
En vez de reconocer el error, la narrativa de Infodemia cambió. Recordemos que primero culparon a la inteligencia artificial. Pero luego hablaron de contradicciones entre videos y de un supuesto montaje. Esa maniobra buscó sembrar duda sin responder lo principal.
Después vino la amplificación. Cuentas afines a Morena, comunicadores, youtubers y páginas alineadas repitieron casi el mismo mensaje. Dijeron que todo era falso, que era un montaje y que quienes difundieron el video actuaban con mala fe contra el gobierno federal. El blanco pasó a ser el mensajero con una narrativa de victimismo.
EL ÚLTIMO CLAVO
La propia Claudia Sheinbaum cerró el caso cuando reconoció en su conferencia que sí hubo una persona en la ventana y que ya había sanción. Con eso, tiró por la borda toda la campaña previa. Primero se negó. Después se desmintió con recursos públicos. Al final, se confirmó lo que la maquinaria había intentado desacreditar.
La lección va más allá de una anécdota. Este caso enseñó cómo opera una contranarrativa oficial desde plataformas como Infodemia. Se usa el sello de verificación, se amplifica el mensaje con cuentas afines y se empuja el ataque contra críticos mientras pasa el tiempo.
Por eso el AsoleaGate sí debe prender alarmas. Y es que en estos días fuimos testigos, en tiempo real, de cómo el gobierno federal usa recursos públicos para desinformar, atacar periodistas y opositores.
El caso también toma otra dimensión cuando una investigación reciente de Emeequis confirmó que el SPR usó recursos públicos para sostener la operación de Infodemia, misma que se dirigió contra periodistas.
Ya no se trata sólo de una mala revisión o de simpatizantes opinando. Se trata de una infraestructura pública que entra al debate político para atacar, con nuestros impuestos, a críticos. Es una infraestructura que debe ser identificada por todos para evitar caer en sus engaños. Pero también para exigir su desmantelamiento.
EL DATO INCÓMODO
En 2025, 7 mil 887 niñas de 10 a 14 años dieron a luz en México. Los datos de Conapo exponen la violencia sexual, abandono institucional y fracaso del Estado. Chiapas, Guerrero y Oaxaca concentran la herida. A esa edad no hay maternidad posible. Sólo abuso, pobreza y silencio.



