La novillada dejó un triunfador indiscutible en la figura del tapatío Jairo López, quien se impuso con autoridad en una tarde de contrastes, exigencia ganadera y momentos de alto voltaje emocional. En el coso hidrocálido, la divisa guanajuatense de Campo Hermoso ofreció un encierro con matices: ejemplares prontos pero desiguales en su entrega, algunos con movilidad franca y otros de comportamiento incierto. En ese escenario, la diferencia la marcó el oficio.
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Aguascalientes, plaza de afición entendida, aguardó siempre la faena maciza. No bastaba la intención: había que estructurar, templar y matar. Jairo López lo entendió mejor que nadie. Construyó su triunfo paso a paso, sin arrebatos vacíos, sosteniendo la emoción con cabeza fría y pulso firme.
Abrió plaza “Lomito”, con 380 kilos, nacido en mayo de 2022, para el local Emilio Ricaud. Con el capote dejó detalles que despertaron expectativa en el tendido. Ya con la muleta, el espigado coleta mostró evolución y mayores recursos, sin renunciar a la clase que distingue su concepto. El novillo, pronto pero atropellado en la embestida, no terminó de entregarse con claridad. Ricaud buscó cuajar, insistió con firmeza y dejó constancia de su valor. Mató de estocada al primer viaje. Palmas.
El segundo, “Lomeñito”, de 355 kilos, marcó el rumbo de la tarde. Jairo López se fue a los medios y abrió de rodillas, desatando la primera gran ovación. Colocó banderillas con solvencia y desde el inicio imprimió emoción a su labor. Con la muleta estructuró una faena variada y vibrante; por el derecho templó con mando y al natural sostuvo la embestida con trazo largo. Hubo un breve bache, pero retomó el hilo con determinación mientras la banda interpretaba “Pelea de Gallos”. La dosantina encendió el tendido. Faena larga, sentida y de plena conexión. Espadazo y petición unánime. Dos orejas y arrastre lento al novillo.
El tercero, “Cotorron”, con 350 kilos, correspondió al español Mario Vilau, quien reaparecía en este ruedo y brindó al equipo médico encabezado por el doctor Martínez. De rodillas con el capote dejó su sello, incluso tras llevarse un susto. Con la muleta mostró evolución y buenas maneras en una faena de corte derechista, decorosa y solvente. Media estocada de efectos inmediatos. Vuelta al ruedo.
En el cuarto, “Jefazo”, número 52, con 372 kilos, Emilio Ricaud volvió a evidenciar disposición. Recibió con gaoneras y buscó imponerse con la muleta, pero el novillo, rajado y de medias embestidas, impidió continuidad. Porfió sin recompensa. Pinchazo, media defectuosa, un aviso y descabello. Silencio.
El quinto, “Lunero”, 367 kilos, confirmó la dimensión del triunfo de Jairo López. Brindó al ganadero Alfonso Franco, de Cerro Viejo, y nuevamente asumió todos los tercios. Banderillas con exposición y una faena de muleta de entrega inteligente ante un ejemplar con genio. Templó, mandó y sostuvo el ritmo mientras el pasodoble acompañaba. La plaza volvió a rugir. Espadazo y una oreja que selló su condición de máximo triunfador.
Cerró la tarde “Lumbrecito”, con 392 kilos (para Mario Vilau). Inició de rodillas, exponiendo ante los parones del novillo. Entrega sin reservas, firmeza en los cites y acero eficaz para cortar una oreja. La tarde dejó una conclusión clara: Jairo López fue el torero que entendió la dimensión del compromiso y lo resolvió con mando, variedad y verdad.

Foto: Iván Jiménez 







