En el corazón del barrio bravo de Tepito, allá por el 20 de agosto de 1942, nació un niño que llevaría el nombre de Bernardo Hernández Villaseñor, pero que el destino y un amigo certero bautizarían para siempre como ‘Manolete’.
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A los siete años de edad, el destino le arrebató a su padre, pero al mismo tiempo le dio dos grandes amigos-vecinos, que harían las veces de tutores: los inconmensurables boxeadores mexicanos José ‘Huitlacoche’ Medel y Raúl ‘Ratón’ Macías.
“Ellos eran algunos años más grandes que yo, extraordinarios boxeadores ambos”, recuerda el legendario ‘Manolete’, quien agrega: “estaban muy al pendiente de mí. Vivíamos a media cuadra. Me enseñaron a boxear y por supuesto que sé meter las manos”.
A pesar de que todo apuntaba a que Bernardo abrazaría el deporte de la Fistiana por la cercanía con estas dos glorias aztecas, en su casa desde su más tierna infancia se habló siempre de futbol, pero además se predicaba con el ejemplo.
“En mi casa siempre hubo futbol. Desde niño recuerdo las pelotas, los balones. Soy hijo de una familia de pura sangre azulgrana, mis hermanos eran suplentes en el Atlante campeón de 1947”, recuerda.
Esta cercanía con el equipo azulgrana, su facilidad para el deporte, sobre todo el balompié, y el momento que vivía el pinturero barrio de Tepito comenzaron a trazar el camino de su vida.
“Mis hermanos conocían al General Núñez, dueño del Atlante, quien me conoció de chavalillo. Me llevaba muy bien con él”, recuerda el legendario delantero.
El General José Manuel Núñez Amaral, dueño del Atlante de 1935 a 1966, rescató al cuadro azulgrana de la quiebra y lo llevó al título. Para adquirir al club, pidió permiso al presidente Lázaro Cárdenas.
COMO UN HIJO
Cuentan los libros que el General era de duro trato. Al ser cuestionado, ‘Manolete’ responde: “Conmigo fue maravilloso, me quería como un hijo”.
DEBUT, EMPATE Y GRATIS
Esa cercanía con el Atlante, su técnica y su potencia lo llevaron a debutar con los Potros de Hierro del Atlante ante el rival más odiado: el América.
“A los 18 años hice mi debut profesional en la Primera División. Fue contra el América”, apunta.
Atlante perdía 1-0, pero ‘Manolete’, con esa zurda que entendía el alma del balón, logró el empate.
“Yo no cobraba ni un peso cuando debuté… cuando fui campeón de goleo ya me daban doce mil pesos”, recuerda.
“El primer dinero se lo di a mi mamá”, dice con nostalgia.
EL MARACANÁ
Gracias a ‘Manolete’ Hernández existe hoy la Cancha Maracaná en Tepito, tras el sismo de 1957.
ANTAÑO Y HOGAÑO
“El futbol ha cambiado mucho… antes el balón era más grande y muy duro”, recuerda.
“Solo había dos cambios, no existían pausas para hidratarse… llegué a bajar dos kilos y medio”.
DURO CONTRA EL ARBITRAJE
Fue crítico con el arbitraje: “Ahora permiten jalones y patadas. Es una porquería”.
SECRETO GOLEADOR
Con 71 goles con el Atlante, es uno de los máximos anotadores azulgrana.
“El secreto es la técnica, saber driblar y disparar bien”.
En la temporada 1967-68 fue campeón de goleo.
LEGENDARIO INMORTAL
Ingresó al Salón de la Fama del Futbol Mexicano en Pachuca.
“Lo más triste es no haber sido campeón, lo más lindo ser campeón de goleo”.
Trabajó como director técnico y entrenador durante 20 años en la Fiscalía.
BUENOS REFUERZOS
Con el regreso del Atlante a la Liga MX, recomienda reforzarse bien: “Deben invertir para ser protagonistas”.
CORAZÓN AZULGRANA
Con la Selección Nacional jugó 12 partidos y anotó dos goles. Participó en los Juegos Olímpicos de México 1968.
A los 30 años, en 1973, colgó los botines.
‘Manolete’ no fue solo un gran delantero. Fue lealtad, entrega y amor azulgrana. Un hombre de Tepito que conquistó el corazón del Atlante.
Gracias, ‘Manolete’, por enseñarnos que la verdadera grandeza se mide en pasión, sueños y fidelidad a un escudo.

Foto: Aracely Martínez 








