La Fórmula 1 no solo vive de la velocidad. Cada vez más, la máxima categoría del automovilismo mundial entiende que su futuro depende de su capacidad para integrarse armónicamente con el entorno y las comunidades que la acogen. En esa línea, el Gran Premio de la Ciudad de México ha implementado una estrategia de sostenibilidad con tres pilares estratégicos: Bienestar, Net Zero y Circularidad.
Con ello, los organizadores buscan refrendar su compromiso con la sostenibilidad y el bienestar social. Tras la edición 2025, en que el vencedor fue el campeón mundial Lando Norris de McLaren, el México GP compartió las cifras de esta estrategia, mismas que evidencian un esfuerzo integral que abarca desde la protección del aficionado hasta la conservación de especies emblemáticas.
La edición 2025 del Gran Premio mexicano, celebrada del 24 al 26 de octubre en el Autódromo Hermanos Rodríguez, no solo dejó las emociones propias de la competencia sobre el asfalto, sino también un legado tangible en materia ambiental y social. Los organizadores presentaron un balance que refleja el trabajo coordinado entre la iniciativa privada, las autoridades y la afición para reducir el impacto del evento y generar beneficios duraderos.

“La sostenibilidad es un compromiso que va más allá de la pista. Es una responsabilidad con el entorno, las comunidades y las generaciones futuras. Durante el México GP 2025 logramos avances importantes gracias a la colaboración de nuestros aliados estratégicos, autoridades y aficionados, quienes han hecho posible que nuestras acciones generen un impacto ambiental y social positivo”, declaró Federico González Compeán, director general del México GP.
En el pilar de Bienestar, las acciones se centraron en proteger la salud de los asistentes y promover la inclusión. La exposición solar durante las largas jornadas en el Autódromo Hermanos Rodríguez representó un riesgo para los aficionados, por lo que se implementó un programa de protección que incluyó la distribución de 45 mil bloqueadores entre los asistentes.
Además, se entregaron 15 mil 200 tapones auditivos para proteger la audición de los presentes y se instalaron 8 mil 508 metros cuadrados de sombra distribuidos estratégicamente por el circuito, creando espacios de descanso protegidos del intenso sol de la capital mexicana.
La diversidad y la inclusión ocuparon un lugar central en la estrategia. Se generaron oportunidades laborales para 33 personas con discapacidad, que formaron parte activa del equipo que hizo posible el evento. Además, las dos Zonas Accesibles para personas con discapacidad registraron más de 150 asistencias diarias, garantizando que todos los aficionados pudieran disfrutar del espectáculo en igualdad de condiciones. Para derribar barreras de comunicación, se instalaron módulos de información con intérpretes de Lengua de Señas Mexicana en siete zonas del evento, para personas con discapacidad auditiva.

Uno de los proyectos más emotivos presentados fue Somos parte del vuelo, una iniciativa en pro de la conservación de la mariposa monarca. Esta especie, que realiza una migración anual de miles de kilómetros desde Canadá y Estados Unidos hasta los bosques de México, enfrenta serias amenazas por la pérdida de hábitat y el cambio climático.
La organización del Gran Premio contribuyó a la construcción de un vivero que generará 8 mil oyameles para la restauración y manejo forestal del Corredor Biológico de la Mariposa Monarca y las cuencas del sistema Cutzamala. Este esfuerzo no solo beneficia a las mariposas, sino que también ha generado 20 empleos para mujeres locales, vinculando la conservación ambiental con el desarrollo comunitario.
Durante el día de la carrera, como gesto simbólico, se repartieron 30 mil mariposas de papel elaboradas con semillas polinizadoras entre los aficionados, las cuales podían ser plantadas posteriormente para contribuir a la proliferación de flora amigable con los polinizadores.
En el frente ambiental, el pilar Net Zero concentró los esfuerzos para reducir la huella de carbono del evento. La instalación de torres de iluminación solar durante las fases de montaje y operación permitió evitar la emisión de 17 mil 183.84 kilogramos de CO₂e, una reducción significativa gracias al aprovechamiento de energía renovable. Adicionalmente, el uso de generadores híbridos EBOSS de 70 kVA evitó la emisión de 35 mil 156 kilogramos adicionales de CO₂, demostrando que la tecnología puede aliarse con la sostenibilidad sin comprometer la operación del evento.
La movilidad de los asistentes representa uno de los mayores desafíos en términos de emisiones para cualquier gran evento. Para abordarlo, se implementó un programa de movilidad sostenible de la mano del Gobierno de la Ciudad de México, que impulsó el uso de transporte público con unidades ecoeficientes. Opciones como Ticket2Ride, estacionamientos remotos y programas de Carpool complementaron la estrategia, logrando evitar 5 mil 450 kilogramos de CO₂e. Estas acciones no solo redujeron la contaminación, sino que también descongestionaron el tráfico en los alrededores del autódromo.
La circularidad de los recursos fue otro de los pilares fundamentales. En total se gestionaron 278.36 toneladas de residuos generados durante los tres días de actividad. De esta cantidad, se reciclaron 17 mil 330 kilogramos de vidrio y 9 mil 290 kilogramos de empaques Tetra Pak, materiales que de otro modo habrían terminado en rellenos sanitarios. Especialmente destacable fue el reciclaje de 864 mil 839 vasos de aluminio, un material altamente recuperable que puede reintegrarse al ciclo productivo con un bajo costo energético.
Los residuos orgánicos no fueron la excepción: 80.936 toneladas se convirtieron en composta, cerrando el ciclo de materiales y devolviendo nutrientes al suelo. El ahorro de agua también ocupó un lugar relevante en las acciones implementadas. Gracias a la instalación de 24 cabinas de baños ecológicos Banorte en la Zona Azul, se ahorraron 28 mil 239 litros de agua. Estos sistemas, que funcionan sin necesidad de descargas constantes, representan una alternativa viable para eventos masivos en zonas con estrés hídrico.
La reutilización creativa de materiales tuvo dos vertientes destacadas. Por un lado, se donaron 400 kilogramos de cempasúchil, la flor emblemática del Día de Muertos en México, que fueron reubicados en jardines comunitarios, extendiendo su vida útil más allá del evento.
Por otro lado, 150 kilogramos de diversos materiales como lonas y elementos de ambientación fueron entregados a comunidades y talleres sociales, que los transformaron en bolsas, mobiliario e insumos para albergues de perros, demostrando que los residuos de unos pueden convertirse en recursos para otros.
La dimensión social de la estrategia alcanzó su punto más alto con el programa de donación de alimentos. Se donaron 4 mil 217 kilogramos de alimentos, beneficiando a 10 mil 200 personas y 2 mil 700 familias provenientes de comunidades en situación de vulnerabilidad. Esta acción no solo evitó el desperdicio, sino que canalizó recursos hacia quienes más los necesitan, vinculando el evento con las necesidades reales del entorno.




