Cuatro equipos de la Liga Mexicana del Pacífico (LMP) disputan las semifinales en busca de la corona y uno de los dos boletos para disputar la Serie del Caribe 2026. Tras la intervención de Estados Unidos en Venezuela, el certamen se trasladó a Jalisco, por lo que ya sean los Águilas de Mexicali, Charros de Jalisco, Algodoneros de Guasave o Tomateros de Culiacán, tendrán la inmejorable oportunidad de representar a México como locales.
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Por única ocasión, debido a la tensión política en Venezuela ante las presiones estadounidenses por obtener su petróleo, México contará con dos equipos en la Serie del Caribe, por lo que tendrá más chances de poner fin a una sequía de 10 años sin títulos, luego de que Venados de Mazatlán fuera el último campeón tricolor en Santo Domingo 2016.
Pero aunque en el universo deportivo la localía se considera un baluarte casi inquebrantable, en la Serie del Caribe esta máxima se desvanece hasta convertirse en una estadística sorprendentemente frágil.
Y es que a lo largo de sus 67 ediciones, el béisbol invernal ha demostrado que la ventaja de jugar en casa se parece más a una pesada carga que a un trampolín hacia la gloria. Los números pintan un panorama contundente: de todas las ediciones celebradas, solo en 15 ocasiones el equipo anfitrión ha logrado alzar el trofeo.
La perspectiva se vuelve aún más exigente al analizar el desempeño a nivel de ciudad, pues únicamente ocho veces el campeón ha sido el equipo cuya sede es la ciudad anfitriona. Considerando que Miami, Florida, ha sido sede en tres oportunidades sin tener una liga miembro, las posibilidades reales para los anfitriones se reducen a 64 ediciones, de las cuales solo 15 terminaron en festejo local, lo que arroja una tasa de éxito de apenas el 23.4%.
El historial se remonta a los orígenes. Durante la primera etapa del certamen (1949–1960), solo Cuba y Puerto Rico rompieron la maldición local. La Habana fue testigo del triunfo de los Alacranes del Almendares en 1949 y de los Tigres de Marianao en 1957, mientras que San Juan celebró con los Senadores en 1954.
Con el renacer del torneo, la República Dominicana emergió como la excepción más notable, al lograr coronarse en cinco de las once veces que organizó la Serie. En marcado contraste, Venezuela, con 16 sedes, solo ganó en dos ocasiones; Puerto Rico lo hizo en dos de 14; y México, desde su incorporación, celebró el título en dos de 17 Series en su territorio. Panamá, por su parte, suma una única victoria local entre sus cuatro participaciones como anfitrión o invitado.
El análisis se afina al observar el desempeño de los equipos específicos de cada ciudad. En La Habana, aunque los Leones nunca triunfaron como locales, sí lo hicieron otros clubes capitalinos. Santo Domingo, con su feroz rivalidad entre Tigres del Licey (campeones locales en 1980 y 2004) y Leones del Escogido (1988 y 2012), es otro ejemplo de éxito intramuros.
Fuera de la isla, los Senadores de San Juan en 1995 y los Venados de Mazatlán en 2005 completan el exclusivo club de ocho equipos que han vencido la presión de ser sede. Las cifras finales no dejan lugar a dudas: en aproximadamente el 76.6% de las ediciones disputadas en países miembros, el campeón ha provenido de una liga visitante.
Esta abrumadora tendencia convierte cada Serie del Caribe organizada en casa en un desafío monumental, un duelo no solo contra los rivales en el diamante, sino contra el peso de la historia. Con la edición de 2026 en el horizonte, el béisbol invernal en México suda frío, al tener una racha negativa de una década sin coronarse, y peor aún ante este, irónicamente, desfavorable escenario en casa.

Rodolfo Amador de Los Cañeros de Los Mochis de México batea contra Los Leones del Caracas de Venezuela. | Foto: EFE 


