Miguel Canto Solís falleció a los 78 años en su natal Mérida, Yucatán. El célebre pugilista mexicano mejor conocido como “El Maestro”, murió en su domicilio de la colonia Jardines Miraflores. Con su partida, se va una especie en peligro de extinción, la del boxeador que analizaba en milésimas de segundo antes de golpear.
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El boxeo mexicano está de luto porque se va un campeón que dio múltiples alegrías a su pueblo. Su esposa, Irma Hernández, confirmó la noticia. La causa no fue un rival sobre el ring, sino el inexorable paso del tiempo. Una antigua lesión cerebral, una embolia y diversas complicaciones médicas apagaron la luz de un hombre que, en su momento de esplendor, era prácticamente invencible.
Canto medía apenas 1.54 metros de altura y su poder destructivo era escaso, pero lo compensaba con una técnica defensiva magistral. Golpear a “El Maestro” era un reto casi imposible. Su cintura se movía con una agilidad que frustraba a los noqueadores más temidos de su época.
En 1975 protagonizó la épica Batalla de Sendai, en Japón, donde dictó una cátedra boxística para derrotar por decisión unánime al nipón Shoji Oguma, a quien le arrebató el título mundial de peso mosca del Consejo Mundial de Boxeo (CMB). Y ahí empezó su reinado.
Entre 1975 y 1979 defendió su corona en 15 ocasiones, en una categoría donde el desgaste es ley. Su récord profesional de 61 victorias, apenas 15 por nocaut, refleja su estilo basado en la precisión por encima de la fuerza.
El Maestro Canto fue campeón mundial durante más de cuatro años, aunque nunca fue el gran favorito de la opinión pública. Sin embargo, su huella permanece intacta.
Sus proezas le otorgaron el máximo reconocimiento al ingresar al Salón de la Fama del Boxeo Mundial en 1998. Hasta la fecha, es el primer y único yucateco en conseguir tal distinción. Hoy, el boxeo mexicano despide a uno de sus campeones más sabios.




