Mientras activistas piden el rescate urgente de animales y plantas utilizados durante las celebraciones de Corpus Christi, PROFEPA responde con educación ambiental y diálogo comunitario, pero sin anunciar acciones inmediatas de recuperación.
La tradición de Cherán que enfrenta críticas por el uso de animales silvestres

Por: Corina Tlali Ortega
La Bajada de las Katarakuas, una de las tradiciones más representativas de Cherán, Michoacán, se encuentra nuevamente bajo escrutinio debido al uso de animales silvestres, panales de abejas nativas y especies vegetales protegidas durante las celebraciones de Corpus Christi.
Se trata de una práctica con profundas raíces culturales dentro del pueblo p´urhépecha, donde las katarakuas —estructuras elaboradas con elementos del bosque— simbolizan la abundancia, la fertilidad y la relación histórica de la comunidad con la naturaleza.
Impacto ambiental y cultural de la Bajada de las Katarakuas
Sin embargo, lo que durante generaciones fue considerado una expresión cultural ligada a los ciclos naturales enfrenta hoy una realidad distinta: la pérdida acelerada de biodiversidad, la disminución de poblaciones de fauna silvestre y la creciente presión sobre los ecosistemas.
La polémica no gira en torno a la identidad cultural de Cherán ni a su sistema de autogobierno indígena. El cuestionamiento surge por la extracción de organismos silvestres para una festividad que se realiza en un contexto ambiental completamente diferente al de siglos pasados.
Entre las principales preocupaciones se encuentra la captura de aves rapaces, serpientes y otros animales silvestres que son utilizados durante las celebraciones. En días recientes también circularon publicaciones en redes sociales donde se observan cachorros de lince presuntamente destinados a formar parte de las actividades relacionadas con la festividad.
Hasta el momento se desconoce qué ocurre con muchos de estos ejemplares una vez que concluyen las celebraciones.
Especialistas en conservación han advertido que gran parte de las aves capturadas corresponde a ejemplares jóvenes que aún se encuentran en etapas tempranas de desarrollo. Al ser retirados de su entorno natural, muchos no logran sobrevivir debido al estrés, las lesiones derivadas del manejo humano o la imposibilidad de readaptarse posteriormente a la vida silvestre.
La preocupación también alcanza a la flora.
La llamada orquídea Corpus Christi o flor de Corpus (Laelia speciosa) es una especie protegida que año con año es recolectada para adornar las estructuras festivas. Diversos reportes señalan que en numerosos casos las plantas son extraídas completas de los árboles donde crecen, afectando su capacidad de reproducción y supervivencia.
A ello se suma la extracción de panales de abejas nativas, organismos fundamentales para la polinización de los ecosistemas forestales de la región.
La remoción de estos panales no implica únicamente la pérdida de una estructura física. También puede provocar el colapso de colonias enteras, especialmente cuando la abeja reina no sobrevive al proceso o queda separada del resto de los individuos.
Para organizaciones ambientalistas y defensores de los animales, el problema central es que prácticas desarrolladas en una época de abundancia biológica continúan realizándose en un momento histórico marcado por la pérdida de especies y la degradación ambiental.
El debate, sostienen, no debería plantearse como una confrontación entre cultura y conservación. Por el contrario, consideran que las tradiciones pueden evolucionar y adaptarse a las nuevas realidades sin perder su significado simbólico.
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Respuesta de autoridades y demandas ciudadanas
Actualmente existen numerosas celebraciones en distintas partes del mundo que han sustituido elementos que generaban daño a animales o ecosistemas por alternativas que conservan el valor cultural de las festividades.
Bajo esa lógica, diversos ciudadanos solicitaron la intervención de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) para implementar acciones de protección y rescate de los ejemplares involucrados en las celebraciones de este año.
Sin embargo, la respuesta oficial ha generado inconformidad.
En el comunicado emitido por la dependencia encabezada por Mariana Boy, la institución plantea la realización de actividades de educación ambiental, procesos de sensibilización comunitaria y la construcción de acuerdos para futuras celebraciones.
No obstante, el documento no anuncia operativos de rescate ni acciones inmediatas para recuperar a los animales que ya fueron capturados o para atender a las especies vegetales extraídas de los bosques.
La postura ha sido interpretada por activistas como una respuesta insuficiente frente a una problemática que consideran urgente.
"Los talleres pueden ayudar en el futuro, pero no resuelven la situación de los animales que ya están siendo utilizados en las festividades", señalan algunas de las críticas difundidas en redes sociales tras la publicación del comunicado.
Ante este escenario, también se ha solicitado la participación del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), encabezado por Adelfo Regino Montes, con el objetivo de facilitar un diálogo entre las autoridades ambientales y el autogobierno de Cherán.
La intención, afirman quienes impulsan esta petición, no es confrontar a la comunidad ni descalificar una tradición ancestral, sino encontrar mecanismos que permitan proteger la biodiversidad sin vulnerar los derechos culturales del pueblo p´urhépecha.
La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), encabezada por Alicia Bárcena, también ha sido señalada por organizaciones ambientales que consideran necesario establecer una estrategia nacional para abordar festividades que involucren el uso de fauna silvestre o especies protegidas.
El caso de Cherán vuelve a poner sobre la mesa una discusión cada vez más frecuente en México y en otras partes del mundo: cómo preservar tradiciones históricas en una época marcada por la crisis climática, la desaparición de especies y la necesidad de construir una nueva relación con la naturaleza.
Para quienes defienden la protección de la biodiversidad, la pregunta ya no es si una tradición tiene valor cultural.
La pregunta es si puede seguir realizándose exactamente igual cuando algunas de las formas de vida que la hicieron posible se encuentran hoy bajo amenaza.
Y mientras el debate continúa, permanece una exigencia concreta dirigida a las autoridades ambientales: actuar para proteger a los animales y especies que podrían resultar afectados durante las celebraciones actuales, antes de que el daño sea irreversible.
