El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, afirmó que Washington se reserva el derecho de actuar contra los cárteles dentro de México si considera que existe una amenaza directa para la seguridad de su país.
Durante una entrevista con N+ Univisión cuyos fragmentos fueron difundidos este jueves, Vance evitó comprometerse a respetar la línea roja que el gobierno mexicano ha defendido de manera reiterada: la prohibición de operaciones militares extranjeras en territorio nacional.
“Tomaríamos medidas militares si consideráramos que es necesario para proteger a nuestra gente. No queremos hacerlo, pero tenemos que reservarnos ese derecho”, declaró el vicepresidente estadounidense.
La declaración llega apenas horas después de que el presidente Donald Trump intensificó sus críticas contra México al afirmar que los cárteles “gobiernan” el país y al describir a Claudia Sheinbaum como una mandataria “asustada” frente al poder de las organizaciones criminales.
Washington endurece el discurso
Vance argumentó que la prioridad de la Casa Blanca es impedir el tráfico de drogas y armas hacia Estados Unidos. Como ejemplo, planteó un escenario en el que un cargamento masivo de fentanilo estuviera a punto de cruzar la frontera y aseguró que, si la única manera de detenerlo fuera perseguir a un cártel en México, Washington actuaría.
El vicepresidente insistió en que la administración Trump prefiere coordinarse con el gobierno mexicano y aseguró que desea colaborar con las autoridades nacionales para debilitar a las organizaciones criminales. Sin embargo, dejó claro que la cooperación no sustituye, a juicio de Washington, la posibilidad de actuar unilateralmente.
La soberanía vuelve al centro de la disputa
Las palabras de Vance reactivan uno de los puntos más sensibles de la relación entre ambos países: la soberanía mexicana. Desde el inicio del segundo mandato de Trump, funcionarios estadounidenses han planteado distintas veces la posibilidad de emplear fuerza militar contra los cárteles, mientras el gobierno mexicano ha rechazado cualquier intervención extranjera.
La diferencia es que ahora la advertencia proviene directamente del vicepresidente y aparece acompañada por una narrativa cada vez más agresiva desde Washington, que presenta a los grupos criminales como una amenaza equiparable a organizaciones terroristas y utiliza ese argumento para justificar mayores presiones sobre México.
Lo que está en juego no es sólo la cooperación en seguridad. También es el límite político que la administración Sheinbaum está dispuesta a aceptar frente a un gobierno estadounidense que ha comenzado a plantear públicamente escenarios de intervención más allá de la coordinación bilateral tradicional.