México abre la posibilidad de revisar el tratado de extradición con EU

El gobierno federal plantea la posibilidad una revisión del tratado de extradición bajo un principio de reciprocidad

Foto: Presidencia
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La relación entre México y Estados Unidos entró en una nueva fase política después de que la presidenta Claudia Sheinbaum planteó la posibilidad revisar el tratado de extradición bajo un principio de reciprocidad y reiteró que la cooperación bilateral no estará por encima de la soberanía nacional.

Límites y cooperación en la relación México-Estados Unidos

"Si se revisa el tratado de extradición, tiene que ser bajo un principio de reciprocidad; la cooperación sí, pero siempre con respeto a la soberanía de México", dijo al sostener que ambos países seguirán coordinando acciones contra el crimen organizado, pero advirtió que ninguna autoridad extranjera podrá intervenir en territorio mexicano sin autorización del Estado.

Como ejemplo, recordó el operativo efectuado en Chihuahua en el que participaron agentes estadounidenses. Explicó que, una vez que el gobierno tuvo conocimiento de esos hechos, solicitó la salida de los elementos involucrados al considerar que su presencia no se ajustó a los mecanismos de cooperación establecidos entre ambos países.

¿Qué implica la revisión del tratado de extradición?

La mandataria recordó que su gobierno pidió el retiro de agentes estadounidenses que participaron en un operativo en Chihuahua por considerar que su actuación rebasó los mecanismos de cooperación establecidos entre ambos países. El episodio fue citado como ejemplo de los límites que México está dispuesto a fijar en la relación bilateral.

En ese contexto, Sheinbaum abrió la puerta a revisar el tratado de extradición para garantizar que las obligaciones entre ambos gobiernos se rijan por un criterio de reciprocidad. La propuesta implica que la colaboración jurídica y de seguridad deberá operar bajo reglas equivalentes para las dos naciones y no mediante decisiones unilaterales.

El Tratado de Extradición entre México y Estados Unidos se firmó en 1978 y entró en vigor en 1980. Regula la entrega mutua de personas requeridas para ser procesadas o que ya fueron condenadas por delitos graves que ameriten al menos un año de prisión en ambos países.

El mensaje llega cuando México y Estados Unidos mantienen una agenda particularmente sensible. A la cooperación contra el tráfico de fentanilo y armas se suman las negociaciones comerciales del T-MEC, la política migratoria impulsada por Washington y la presión estadounidense para acelerar acciones contra organizaciones criminales.

La referencia histórica tampoco fue casual. Al evocar a Benito Juárez y Venustiano Carranza, la presidenta vinculó la política exterior de su administración con la defensa de la autodeterminación y la no intervención, principios que han marcado la diplomacia mexicana desde el siglo XIX.

Más que un anuncio jurídico inmediato, la revisión del tratado de extradición constituye una señal política hacia Washington. El gobierno mexicano busca dejar claro que mantendrá la cooperación estratégica con Estados Unidos, pero con reglas que reconozcan la igualdad entre ambos países y respeten plenamente la jurisdicción nacional.

Con ese posicionamiento, la administración de Sheinbaum intenta redefinir el equilibrio de la relación bilateral en un momento en que seguridad, comercio y migración concentran buena parte de las negociaciones entre ambos gobiernos. La apuesta es fortalecer la coordinación sin aceptar mecanismos que puedan interpretarse como una cesión de soberanía.

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