La revisión de la relación comercial entre México y Estados Unidos entró en una semana decisiva. El gobierno de Claudia Sheinbaum desplegó a su principal equipo económico y diplomático en Washington con una prioridad: preservar el T-MEC y reducir los aranceles que la administración de Donald Trump mantiene sobre sectores estratégicos para la economía mexicana.
Durante su conferencia matutina, Sheinbaum confirmó que Marcelo Ebrard encabeza cuatro días de reuniones en la capital estadounidense acompañado por el secretario de Agricultura, Julio Berdegué; el próximo embajador de México en Estados Unidos, Roberto Lazzeri Montaño, y la empresaria Altagracia Gómez como asesora del proceso.
La presidenta sostuvo que el objetivo central es garantizar la continuidad del tratado comercial que une a México, Estados Unidos y Canadá. Aunque descartó riesgos inmediatos para su permanencia, reconoció que la discusión ocurre bajo nuevas condiciones marcadas por la visión proteccionista impulsada por Trump desde su regreso a la Casa Blanca.
La principal disputa gira en torno a los aranceles que Washington mantiene sobre el acero, el aluminio y los vehículos. Para México, esos gravámenes representan uno de los mayores obstáculos para la integración económica de América del Norte y una amenaza para sectores que concentran inversión, exportaciones y empleo.
Trump presiona por más contenido regional
Sheinbaum explicó que Estados Unidos busca endurecer las reglas de origen para que una mayor parte de los componentes utilizados en la manufactura se produzcan dentro de la región.
La administración mexicana coincide en fortalecer las cadenas productivas norteamericanas, aunque insiste en que los beneficios deben distribuirse entre los tres socios y no concentrarse únicamente en territorio estadounidense.
La discusión refleja una tensión más profunda. Mientras Washington intenta recuperar capacidad industrial mediante barreras comerciales y mayores requisitos de contenido regional, México busca conservar las ventajas de integración que durante décadas impulsaron la expansión de la industria automotriz y manufacturera.
Una negociación con impacto político
La presidenta evitó adelantar posibles acuerdos, pero dejó abierta la posibilidad de intervenir directamente si las negociaciones alcanzan un punto crítico. Sobre una eventual conversación con Trump, respondió que ocurrirá "si es necesario".
Aunque formalmente se trata de una revisión prevista dentro del propio tratado, el resultado definirá buena parte de la relación económica entre ambos países durante los próximos años.
Para México, mantener vivo el T-MEC y reducir los aranceles se ha convertido en una de las pruebas más importantes de la relación con el nuevo gobierno estadounidense.