Román o la justicia del tiempo

El torero valenciano encontró recompensa a años de esfuerzo y regresos tras salir por la Puerta Grande de Las Ventas, cerrando de forma memorable la Feria de San Isidro 2026

Román o la justicia del tiempo. Manolo Briones.
Román o la justicia del tiempo. Manolo Briones.

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MADRID.-  Madrid no concede nada. Madrid devuelve. A veces tarde, a veces cuando ya nadie lo espera, pero devuelve. Y este domingo, cuando cayó el telón de la Feria de San Isidro 2026, la plaza más exigente del mundo le devolvió a Román una parte de todo lo que le había quedado en el camino.

Hay toreros que construyen su carrera sobre el éxito. Otros la edifican sobre las ruinas. Román pertenece a estos últimos. Ha conocido las dos caras de Las Ventas: la gloria y el dolor, la ovación y el silencio, la esperanza y la cornada.

Ha sido herido en cuerpo y alma por esta plaza y, sin embargo, nunca dejó de regresar. Como escribió Nietzsche, "quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo". El porqué de Román siempre fue Madrid.

Durante años caminó por ese territorio incierto donde habitan los toreros que se niegan a rendirse. Lejos de los focos, lejos de las corrientes favorables, resistiendo. Porque la perseverancia no suele ser espectacular. Es silenciosa. Consiste en volver cuando todos creen que ya no volverás.

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Román. Manolo Briones.

Y entonces apareció "Gallarete"

Un Victorino Martín de 542 kilos, bravo, entregado y con la clase suficiente para permitir que aflorara el torero que Román lleva años persiguiendo. No fue una faena improvisada por la inspiración del momento. Fue una obra construida sobre la experiencia acumulada de las derrotas. Sobre las tardes amargas. Sobre las cicatrices.

Román entendió pronto las virtudes del toro. Lo llevó cosido a la muleta, especialmente por el pitón derecho, donde encontró profundidad, largura y gobierno. Hubo mando, hubo temple y, sobre todo, hubo verdad. Esa palabra tan gastada y tan difícil de encontrar. Cada muletazo parecía responder a una pregunta que el tiempo llevaba años formulando.

Las Ventas, que tantas veces le vio caer, comenzó a reconocerle. Y cuando la espada cayó con rotundidad, la plaza explotó. Dos orejas. La Puerta Grande. El cielo de Madrid al alcance de las manos.

La segunda salida a hombros de su carrera en esta plaza, casi nueve años después de aquella primera conquista del 15 de agosto de 2017. Entre una fotografía y otra cabe una vida entera.

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Román. Manolo Briones.

Cornadas, incertidumbres, tardes de olvido y una obstinación que hoy encuentra sentido. Porque el triunfo de Román no es únicamente taurino. Es humano.

Su segundo toro, "Verdadero", no ofreció las mismas posibilidades. Más suelto, más desentendido, obligó a una labor de firmeza sin recompensa artística. Pero ya nada podía alterar el signo de la tarde. La puerta estaba abierta desde mucho antes. Quizá desde el instante en que decidió no abandonar.

A su alrededor, la corrida dejó pocas concesiones. Morenito de Aranda mostró oficio frente a un lote complejo y se marchó entre silencios.

Fernando Adrián, que había sido uno de los nombres propios de la feria, chocó con un encierro áspero y exigente de Victorino Martín que no permitió vuelos mayores. La tarde quedó reservada para quien mejor entendió la condición del toro y el significado del momento.

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Fernando Adrián. Manolo Briones.

Y así terminó San Isidro

Una feria que ha vuelto a demostrar la extraordinaria salud de Las Ventas. Veintiséis festejos. Diecisiete tardes de "no hay billetes". Nueve Puertas Grandes. Las de Alejandro Talavante, Fernando Adrián, Diego Urdiales, Antonio Ferrera y Román entre los matadores; además de tres novilleros y un Diego Ventura que también alcanzaron la máxima recompensa de Madrid.

Los números explican el alcance del ciclo. Pero no su alma.

La verdadera fotografía de esta feria quizá no esté en las estadísticas ni en los balances. Tal vez permanezca en la imagen de un torero valenciano atravesando la Puerta Grande al caer la tarde, después de años de golpes, esperas y sacrificios.

Porque las grandes plazas, como la vida, suelen tardar en hacer justicia. Y cuando finalmente la hacen, no premian una faena. Premian una trayectoria. Premian una fidelidad.

Premian a quienes, aun después de haber conocido la oscuridad, siguen teniendo el valor de regresar para buscar la luz. Y este San Isidro terminó precisamente así: con Román saliendo a hombros de Madrid y Madrid, por una vez, correspondiendo a Román.

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Morenito de Aranda. Manolo Briones.

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