Mientras funcionarios estadounidenses atribuyen parte del problema al tráfico ilegal de ganado asociado al crimen organizado, el gobierno de Sheinbaum mantiene una estrategia enfocada en el control sanitario y la producción de moscas estériles

Mientras funcionarios estadounidenses atribuyen parte del problema al tráfico ilegal de ganado asociado al crimen organizado, el gobierno de Sheinbaum mantiene una estrategia enfocada en el control sanitario y la producción de moscas estériles

Por: Roberto Cortez
La llegada del gusano barrenador a Texas y Nuevo México abrió una nueva disputa narrativa entre México y Estados Unidos sobre el origen y las causas de la emergencia sanitaria que afecta a la industria ganadera de ambos países.
Mientras funcionarios estadounidenses colocan al tráfico ilegal de ganado y a las organizaciones criminales dentro de la explicación sobre la expansión de la plaga, el gobierno de Claudia Sheinbaum insiste en una respuesta basada en medidas sanitarias y cooperación técnica binacional.
La diferencia quedó expuesta después de que la secretaria de Agricultura de Estados Unidos, Brooke Rollins, afirmara que el movimiento ilegal de ganado facilitó el avance del gusano barrenador desde Centroamérica hacia México y posteriormente hacia territorio estadounidense.
La funcionaria sostuvo que las rutas utilizadas para introducir animales sin controles sanitarios contribuyeron a la propagación del parásito.
Las declaraciones llegaron días después de que autoridades estadounidenses confirmaran nuevos casos en Texas y Nuevo México, los primeros registrados en décadas dentro de Estados Unidos. La detección obligó a reforzar medidas de vigilancia y elevó la presión sobre las autoridades sanitarias de ambos países para contener la expansión del insecto.
La administración de Sheinbaum ha evitado confrontar directamente esa narrativa. La estrategia del gobierno federal se concentra en acelerar la puesta en marcha de una planta de producción de moscas estériles en Chiapas, fortalecer la vigilancia epidemiológica y avanzar en acuerdos técnicos con autoridades estadounidenses para recuperar gradualmente la normalidad en el comercio ganadero.
La apuesta mexicana busca mantener la discusión en el terreno sanitario. Sin embargo, en Washington el tema comienza a mezclarse con debates relacionados con seguridad fronteriza, tráfico ilegal y actividad de grupos criminales.
El cambio de enfoque resulta relevante porque podría incorporar la crisis del gusano barrenador a la agenda bilateral que ya incluye migración, tráfico de armas, fentanilo y combate a los cárteles.
La expansión de la plaga también ha reactivado cuestionamientos sobre el control de la frontera sur mexicana.
Investigaciones periodísticas, organizaciones ganaderas y especialistas han señalado durante años la existencia de redes de contrabando de ganado que operan entre Centroamérica y México.
Algunas estimaciones extraoficiales calculan que cientos de miles de reses ingresan cada año por rutas sin supervisión sanitaria en Chiapas.
Uno de los puntos mencionados con frecuencia en esos reportes es Benemérito de las Américas, municipio ubicado en la región del río Usumacinta. Diversos trabajos periodísticos han documentado el traslado de animales mediante cruces irregulares que posteriormente se incorporan a circuitos comerciales dentro del país, dificultando la trazabilidad sanitaria.
Hasta ahora, las autoridades estadounidenses no han presentado evidencia pública que vincule casos específicos detectados en Texas o Nuevo México con operaciones concretas de organizaciones criminales.
No obstante, la referencia al tráfico ilegal de ganado ya forma parte del discurso oficial de funcionarios estadounidenses y comienza a ganar espacio en el debate político de ese país.
La crisis también mantiene consecuencias económicas para México. Desde las restricciones impuestas por Estados Unidos al ganado mexicano, productores nacionales acumulan pérdidas estimadas en más de mil 800 millones de dólares y más de un millón y medio de cabezas de ganado han dejado de exportarse al principal mercado de destino.
En ese escenario, el gobierno de Sheinbaum busca demostrar que la emergencia puede contenerse mediante herramientas sanitarias. Washington, en cambio, empieza a colocar el foco en las redes ilegales que operan a lo largo de la frontera sur.
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