La CNTE concluyó la huelga nacional sin obtener la abrogación de la Ley ISSSTE ni el aumento salarial solicitado, pero advierte que la lucha continúa.
La CNTE y las promesas incumplidas


Por: Guillermo Ortega
La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) levantó este fin de semana la huelga nacional iniciada el pasado 1 de junio. Lo hizo sin acuerdos de fondo, sin la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007 y sin el aumento salarial del 100 por ciento que exigía. Pero sería un error interpretar el repliegue como una derrota definitiva. Los dirigentes magisteriales han sido claros: la lucha continúa y la Coordinadora entra en una fase de reorganización para volver con más fuerza. Termina el plantón, no el conflicto.
Durante semanas, la Ciudad de México, Oaxaca y otras entidades fueron escenario de bloqueos, marchas y movilizaciones que pusieron a prueba la capacidad política del gobierno de Claudia Sheinbaum para contener uno de los movimientos sociales más combativos del país.
La pregunta es inevitable: ¿cómo llegó el gobierno de la llamada ´cuarta transformación´a enfrentarse con uno de los sectores que históricamente formó parte de su base política?
La realidad contra las promesas
El origen de la confrontación no está solamente en las demandas actuales de la CNTE. También se encuentra en las expectativas generadas durante años.
Los maestros disidentes exigen la desaparición de la Ley del ISSSTE aprobada en 2007 durante el gobierno de Felipe Calderón, una reforma que modificó el sistema pensionario y que desde entonces ha sido rechazada por amplios sectores del magisterio.
Sin embargo, una vez instalada en la Presidencia, Claudia Sheinbaum se ha topado con una realidad presupuestal imposible de ignorar. El gobierno sostiene que la abrogación total de esa legislación provocaría un impacto financiero de tal magnitud que las finanzas públicas simplemente no podrían soportarlo.
Lo mismo ocurre con la exigencia de un incremento salarial del 100 por ciento. La administración federal argumenta que los maestros han recibido aumentos consecutivos en los últimos años que rondan el 10 por ciento anual, niveles superiores a la inflación y significativamente mayores a los otorgados a otros sectores del servicio público. En otras palabras, el gobierno afirma que no puede cumplir porque no tiene dinero suficiente.
El problema es que muchos integrantes de la CNTE escucharon durante años discursos políticos que alimentaron la expectativa de que esas demandas sí eran viables. Hoy, cuando las promesas chocan contra las restricciones presupuestales, la frustración se transforma en movilización.
El monstruo que volvió a crecer
Existe además un dato político imposible de ignorar.
La CNTE recuperó capacidad de presión durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Después de años de confrontación con administraciones anteriores, el movimiento encontró interlocución, concesiones y espacios de negociación que fortalecieron nuevamente a la organización.
La Coordinadora volvió a convertirse en un actor con capacidad para paralizar ciudades, bloquear carreteras y presionar al gobierno federal. Ahora ese poder se ejerce contra una administración emanada del mismo proyecto político.
La paradoja es evidente. El movimiento que fue fortalecido por la ´cuarta transformación´hoy exige el cumplimiento de compromisos que la propia ´cuarta transformación´reconoce que no puede cumplir.
Los ciudadanos, atrapados en medio
Mientras gobierno y maestros intercambiaban argumentos, millones de ciudadanos quedaron atrapados en medio del conflicto.
Los bloqueos en la Ciudad de México provocaron jornadas caóticas en una metrópoli donde la movilidad ya representa un desafío cotidiano. Horas perdidas en el tráfico, actividades económicas afectadas, servicios interrumpidos y una creciente irritación social fueron parte del costo de la protesta.
Particularmente severo fue el impacto para miles de comerciantes del Centro Histórico y de otras zonas afectadas por los plantones. Las pérdidas económicas se acumularon semana tras semana hasta generar una reacción cada vez más hostil contra la Coordinadora.
Algunos representantes empresariales llegaron incluso a calificar a la CNTE como una "enemiga de México", reflejando el nivel de desgaste social provocado por una protesta prolongada.
El Mundial y el choque de símbolos
El momento más delicado ocurrió durante la inauguración del Mundial 2026 y el partido entre México y Sudáfrica.
La intención de integrantes de la CNTE y de otros grupos, incluidas madres buscadoras, de acercarse al Estadio Azteca colocó a las autoridades frente a un escenario altamente sensible. El gobierno desplegó un amplio operativo de seguridad para impedir que las manifestaciones alcanzaran el recinto.
La imagen fue poderosa. Por un lado, el país intentaba proyectar al mundo una celebración deportiva global. Por el otro, grupos sociales recordaban que existen conflictos internos pendientes de resolver.
El blindaje funcionó. No hubo interrupciones en el evento, pero el episodio evidenció que debajo del espectáculo internacional persisten tensiones sociales que ningún operativo puede desaparecer.
La cuenta sigue abierta
La SEP, encabezada por Mario Delgado, niega haber ofrecido 800 millones de pesos para levantar el plantón. Asegura que esos recursos forman parte de programas educativos para atender rezagos en estados. La CNTE asegura que no hubo acuerdos sustanciales. Ambas partes se acusan mutuamente de incumplimientos y campañas de descalificación.
Los maestros regresan temporalmente a sus estados para reorganizarse. El gobierno apuesta al desgaste del movimiento y a las limitaciones financieras como argumento central. Ninguno parece dispuesto a ceder en lo esencial.
Y ahí reside el verdadero problema, porque cuando las expectativas políticas se construyen sobre promesas difíciles de cumplir, tarde o temprano llega la hora de presentar la factura. La CNTE acaba de recordarle a Claudia Sheinbaum que las palabras de campaña tienen memoria. Y en política, pocas cosas resultan más peligrosas que un aliado que se siente traicionado.
@GOrtegaRuiz