El futbol mexicano no ha logrado desarrollar jugadores jóvenes, afectando el rendimiento de la selección nacional en competencias internacionales.
Con la fe no basta


Por: Sergio Bibriesca
X: @SergioBibriesca
"¿Y si sí?" fue el mantra de este Mundial, más con fe que con realidad, y con eso no alcanza. ¿Por qué no alcanza? Porque no hay bases para responder que sí.
El futbol mexicano no ha aprendido nada y, al contrario, parece que todo lo que se podía hacer mal se hizo palomeando en una lista. No hubo desarrollo de jugadores en los últimos ocho años. Los jóvenes de la Selección, salvo Mora, un garbanzo de a libra, son dos jugadores que hicieron su proceso en Estados Unidos, sin que fueran parte de un trabajo realizado en el país.
Los equipos en México no confían en los jóvenes. Un ejemplo es el actual campeón Cruz Azul. Aportó sólo un jugador al Tri en el Mundial, pero no es un canterano y cuesta trabajo encontrar en su plantilla a futbolistas surgidos en La Noria. Ya ni decir si gravitan en el equipo.
En el balompié nacional se priorizó el capital y se prefirió jugar contra equipos de la MLS, atiborrando el calendario y sin la posibilidad de un mayor fogueo. No iré al tema de la Copa Libertadores o Copa Sudamericana, algo que me encantaría ver, pero se ha comentado que la posibilidad está cerrada por la misma FIFA, para no abrir la puerta a que clubes de una confederación (Arabia) busquen jugar en otras (UEFA).
Cientos de jugadores con cualidades se han quedado en la penumbra en México al no tener la vitrina de una primera división. Muchos transitan entre la Liga Premier y Expansión, y ese talento que se ve por las canchas sin tantos reflectores se pierde en el camino.
Equipos que ganaron en la cancha, incluso siendo bicampeones, uno en Expansión, y otro en la Liga Premier, lograron sólo ascender adquiriendo una franquicia. ¿Absurdo? No, es México.
En primera división pasa lo mismo. No hay proyectos serios. Se van tres, cuatro, cinco años a una ciudad y venden todo y cambian de ubicación y adiós.
Ello ha mermado las actuaciones a nivel internacional. En Brasil 2014, México calificó de milagro. Una chilena de Raúl Jiménez ante Panamá en el Azteca y una victoria de EU en la última fecha de visita permitieron que el Tri alcanzara el repechaje internacional. Habría hecho ese fracaso cambiar de rumbo, no se sabe. Luego, la victoria ante Alemania en 2018 maquilló un poco todo ese proceso que siguió igual, pensando que con un buen entrenador a nivel mayor se resolverán las cosas.
Llegó Catar y entonces se tocó fondo. No se calificó a octavos. ¿Cambió algo? No, aunque dijeron que sí.
En casa, el Tri tenía una oportunidad inmejorable para demostrar avances. Pasó y no. Se ganó una eliminatoria mano a mano tras 40 años –40 años, también en el Azteca–, pero no se llegó al quinto partido –nos quedamos en octavos, como desde 1994–. Además, ese récord deja algo más revelador: fuera de territorio mexicano, la Selección nunca ha ganado un partido de eliminación directa.
Ayer, a la hora de enfrentar a un equipo con jerarquía, la lógica se impuso. Aunque compitió, bastaron dos minutos para demostrar por qué Bellingham juega donde juega. Y así Pickford o Rice. Top. Mención honorífica para Erik Lira.
"¡Imaginemos cosas chingonas!" fue el mantra que lanzó Javier Hernández durante la Copa del Mundo de Rusia 2018. La base era la misma que ahora. Sobre qué base. Para Hegel, el trabajo de la imaginación queda subsumido al acto de pensar. Así, al repasar lo que sucedía en ese entonces, difícil creer, imaginar, pensar que algo destacado podría suceder.
No hay programa sólido y se ve lejano que se apueste por uno de largo aliento. Al fin y al cabo, como en otros aspectos del país, los proyectos serios escasean.