La comparación con el fútbol mundial ilustra cómo la concentración de riqueza y éxito depende de procesos y oportunidades, no solo de tradición.
Desigualdad: riqueza en pocas manos, títulos en pocos países

Por: Jesús Vaca Medina
En estos días el banco suizo UBS publicó el Global Wealth Report 2025, uno de los estudios más completos sobre la evolución de la riqueza a nivel mundial. El informe muestra el rápido crecimiento y la creciente concentración de la riqueza. De acuerdo con el reporte, la riqueza global creció 10.8% en 2025, su mayor incremento desde 2017. En contraste, la economía mundial avanzó alrededor de 3.2%. Es decir, la riqueza creció más de tres veces que la actividad económica, pero ese es otro tema que abordaremos en otra ocasión.
Lo que quiero destacar esta semana es el aumento en el número de millonarios, que alcanzó niveles históricos. Más de un millón de personas se sumaron a este selecto grupo en un sólo año, lo que equivale a unos 2 mil 600 nuevos millonarios cada día. Sin embargo, este crecimiento no fue parejo. Cerca del 50% de estos nuevos patrimonios se concentraron en Estados Unidos, y esa cifra supera el 70% si sumamos a China, Japón, Alemania, Reino Unido y Francia.
Además, los patrimonios superiores a los 5 millones de dólares crecieron a un ritmo aún mayor. Es decir, no sólo hay más riqueza, sino que esta se está acumulando con mayor velocidad en los niveles más altos.
Este fenómeno ha reavivado el debate sobre la desigualdad. Y aquí es donde vale la pena cambiar de cancha.
En el futbol ocurre algo similar. De las 211 selecciones afiliadas a la FIFA, únicamente ocho han sido campeonas del mundo. Si nos enfocamos en el siglo XXI, la lista se reduce a seis países. En proporción, apenas el 3% de los países ha ganado esta competición.
La Copa del Mundo 2026 no parece ser la excepción: entre las ocho mejores selecciones que compiten en los cuartos de final, la mitad ya fueron campeonas del mundo (Francia, España, Inglaterra, Argentina). Y no es casualidad que las cuatro son favoritas para ganar sus llaves eliminatorias.
Sin embargo, las potencias futbolísticas no dominan por casualidad. Detrás hay una larga historia de inversión, infraestructura, formación de talento y una cultura deportiva consolidada. Francia, Brasil, Alemania o Argentina no ganan sólo por tradición, sino por procesos.
Lo mismo ocurre en la economía global. Los países que concentran la riqueza suelen ser aquellos con mayor capacidad de innovación, productividad y generación de valor. La concentración no es un accidente, es parte del funcionamiento de sistemas competitivos.
El problema, entonces, no es la desigualdad en sí misma. El verdadero riesgo es la falta de movilidad: que quienes están abajo no tengan posibilidad ni las oportunidades de crecer, competir y eventualmente llegar a esos niveles.
En el futbol, la solución no es limitar a las potencias. No se trata de ponerles un techo o impedir que surja talento en países como Argentina, Francia, España, Brasil o Alemania. La solución es elevar el nivel del resto: más inversión en formación, mejores ligas y mayor desarrollo. No se trata de evitar que haya otro Messi, se trata de que haya más "Messis" en el futbol mundial.
En economía, la lógica es similar. Los gobiernos no deberían enfocarse en frenar a quienes generan riqueza, ya que eso puede terminar afectando el crecimiento general. El reto está en cómo convertir esos polos de riqueza en motores de desarrollo más amplio: más oportunidades, mayor inclusión y más movilidad.
El objetivo no debe ser que todos tengan lo mismo, sino emparejar la cancha para que todos tengan las mismas oportunidades para tener más. No se trata de bajar a los que van ganando, sino lograr que cada vez haya más compitiendo por levantar la Copa.
Jesús Vaca Medina
Doctor en Estudios Fiscales
@jesusvacamedina