Desmanes mundialistas, sí; en marchas feministas, no

Festejos deportivos recientes contrastan con la indignación social por la violencia contra mujeres en México.

Desmanes mundialistas, sí; en marchas feministas, no

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Sergio Bibriesca

"Esas no son formas", condena el indignado vulgo cuando la Marea Morada toma las calles cada 8 de marzo. Claro, la mayoría son voces en redes sociales, hombres, que no avalan las "formas" en las que se manifiestan las mujeres en el país.

Hace ya unos años me quedé de ver con una amiga. Era verano. El calor abrasador de la Ciudad de México. Llegó a la cita visiblemente afectada. De camino, se quedó en el transporte sola con un hombre algunos años mayor y de mayor complexión. No dejó de observarla, sobre todo las piernas, pues mi amiga traía vestido. No la dejó de ver por largos y angustiantes minutos, mientras ella estaba en una zona alejada y cuando la noche oscurecía el paisaje. No pudo más y se bajó. Él se levantó tras ella. Bajó y el hombre comenzó a caminar por detrás. Ella caminó más rápido por calles que no conocía y él aceleraba el paso. Encontró un negocio y ahí pidió ayuda.

Alguien se solidarizó con ella y el tipo, después de minutos, se marchó. Ese sujeto se sintió con el derecho no sólo de incomodarla y verla durante varios minutos, sino también con el derecho de seguirla y acosarla. Sí, cree que tenía el derecho, y así varios.

Eran tiempos en los que no había WhatsApp, no se podían enviar ubicaciones en vivo ni Uber ni nada de lo hoy nos puede ayudar para creer que estamos más seguras.

La historia es de terror y, afortunadamente, no pasó a más, pero esa es sólo la punta del iceberg de una violencia sistémica que sufren las mujeres en el país. Todos tenemos a una mujer en nuestras vidas –pareja, amiga, mamá, hermana, hija, prima...– que han vividoalguna historia así.

A nivel nacional, más de 70 por ciento de las mujeres mayores de 15 años ha experimentado algún tipo de violencia. El acoso y el hostigamiento se presentan de forma alarmante en espacios públicos, entornos laborales y a través de violencia digital.

Según cifras oficiales,el promedio fluctúa entre seis y 10 asesinatos violentos diarios de mujeres y niñas, y únicamente cerca de 15 por ciento de los casos de feminicidio esjudicializado con éxito.

Entonces, cuando llega el 8M, esa rabia se vuelve colectiva. Hay coraje, indignación y encabronamiento –acumulado por años– que emergen. Bajo esa premisa, entonces: ¿cuáles son las formas? ¿Cómo se protesta ante el acoso constante y ante la violencia?

Luego llegan los festejos mundialistas. Tres victorias y primera fase histórica. Más de 800 mil celebraron en la Ciudad de México. Como contra Corea, las calles tapizadas de basura, convertidas en ríos por las lluvias, y desmanes que incluyeron la vandalización de estaciones de Metrobús. ¿Qué avala socialmente que estos actos nos pasen por alto con un contexto como este? ¿Qué condena que la misma estación sufra el mismo destino en un 8M y entonces despierte la indignación?

En Los Cabos, una persona embistió contra la multitud que saltaba, golpeaba y aventaba objetos a su auto. Dejó 17 heridos –hasta ahora– y al conductor golpeado.

En Villahermosa, celebraban el triunfo de México ante Chequia y terminó con la quema de una tienda de abarrotes. Ahí mismo, un tráiler y un auto sufrieron el mismo destino.

México aún deberá jugar en la Copa del Mundo. El destino dirá hasta dónde llegará, y los festejos pueden crecer en la medida de que el equipo avance.

El "esas no son formas" no figura mucho en redes en estos días, como cuando inicia marzo. Tampoco la indignación se hace tan homogénea. Tal vez el que nos indignen unas cosas y no otras explica –en parte– el desmadre que tenemos de país.

X: @SergioBibriesca

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