En fin, que el balón sigue rodando y la sangre fluyendo en un país que ha encontrado un respiro en el campo de juego
Durante el Mundial, 582 homicidios


Por: Sergio Bibriesca
Del 11 de junio al pasado jueves, en el país se registraron, al menos, 582 homicidios. En dos semanas, el promedio diario fue de 41.5 muertes. Esto, claro, son cifras oficiales, basadas en denuncias, por lo que el número podría ser mayor.
La mayor parte de registra a partir del 17 de junio. A partir de ahí, salvo el 19 y 23 de junio, todos los días superaron los 40 asesinatos.
El 11 de junio, día de arranque de la Copa del Mundo, hubo 30 casos registrados. En Guanajuato hubo cuatro. Detrás, Baja California, Estado de México y Sinaloa, con tres. Luego el resto. Lo destacable de ese día es que en la mitad del país no se registraron homicidios.
Durante el segundo encuentro del Tri, ante Corea del Sur, uno de los dos días con mayor registro, 45 (el otro fue el pasado jueves), Baja California reportó seis; Michoacán y Sonora, cinco. Colima, Estado de México, Oaxaca y Tabasco, tres.
Mientras México le ganaba 3-0 a Chequia y cerraba una fase de grupos perfecta, por primera vez en la historia, hubo 41 homicidios. Chihuahua, Guanajuato y Sinaloa lideraron ese día los asesinatos, con cuatro, estados que históricamente cargan con buena parte de las muertes a nivel nacional.
Luego siguieron Baja California, Colima, Guerrero, Oaxaca y Puebla, con tres.
El pasado 16 de junio, ya con el Mundial en marcha, el gobierno salió a presumir una baja "histórica" en el número de homicidios en el país. El descenso, de 46 por ciento, si bien puede ser incuestionable –y qué bueno que haya baja, si no para qué estamos–, tenía truco. El punto de comparación utilizado para destacar la caída tuvo como punto de comparación septiembre de 2024, un mes que registró uno de los niveles más altos de violencia del periodo reciente.
Más allá de la utilización de las cifras, acá sigue habiendo personas que mueren. Personas que era el sustento de decenas de hogares, que hoy deben padecer la ausencia de un familiar, la falta de ingresos y el duelo de su partida.
Y la mayoría ocurren alejadas del foco mediático, sin mencionar que la ola mundialista hoy roba toda la cobertura. De acuerdo con el Inegi, los hombres jóvenes de entre 15 y 35 años en zonas marginadas representan la inmensa mayoría de las víctimas de homicidio.
Además, la tasa de asesinatos se dispara en municipios donde los jóvenes carecen de acceso a educación formal y empleo, lo que los vuelve carne de cañón para el reclutamiento por parte de la delincuencia organizada.
En el caso de las mujeres sucede lo mismo. El rezago social y la falta de ingresos propios limitan su independencia, haciéndolas más propensas a entornos de violencia familiar que pueden derivar en homicidios o feminicidios.
De acuerdo con el Inegi, más de 70 por ciento de las mujeres en México ha sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida; 27.4 por ciento se manifiesta mediante el control y restricción a recursos financieros y patrimoniales (violencia económica o patrimonial), que no sólo impacta en la libertad y dignidad de las mujeres, sino perpetúa la dependencia económica y refuerza la desigualdad de género.
En fin, que el balón sigue rodando y la sangre fluyendo en un país que ha encontrado un respiro en el campo de juego, pero que en unos días volverá a la cotidianidad. La fábrica de ficción de la FIFA terminará y nos volverá a poner frente al espejo, frente a nosotros mismos, frente a nuestra pobreza y nuestra realidad.