Secretaría de Hacienda propone modificación en clasificación del gasto público
El falso quinto partido: la nueva clasificación del gasto público

Por: Jesús Vaca Medina
Cambiar las reglas puede alterar las estadísticas, pero no necesariamente mejora el juego. En un Mundial con más equipos y con más partidos en fase de eliminatorias, es más fácil llegar al quinto partido. ¿La Selección Mexicana ya hizo historia? No necesariamente. Jugó muy bien, dejó buenas impresiones contra Ecuador, pero aún le falta pasar los octavos de final.
Algo similar está ocurriendo en México con la reciente propuesta de la Secretaría de Hacienda, que busca modificar la clasificación programática del gasto público, con el argumento de mejorar su evaluación y ejecución, de acuerdo con lo publicado en el Diario Oficial de la Federación.
Para entender la relevancia del tema, primero hay que explicar qué es la clasificación del gasto. Se trata del sistema que permite ordenar y agrupar el presupuesto público para entender en qué y para qué se utilizan los recursos. En otras palabras, es la forma en la que leemos el comportamiento del gobierno a través del dinero: cuáles son sus prioridades, en qué decide gastar más y qué sectores privilegia.
Además, contar con una clasificación homogénea a lo largo del tiempo permite comparar administraciones, evaluar resultados y medir la evolución del gasto público. Es una herramienta fundamental para el análisis económico y la construcción de políticas públicas. Cambiarla no es un asunto menor.
Aquí es donde surge la preocupación. Modificar la metodología de clasificación puede romper esa comparabilidad histórica. Si se cambian las categorías, se vuelve más difícil analizar si realmente el gobierno está gastando mejor o simplemente está presentando la información de otra manera. En términos prácticos, se pierde la película completa del comportamiento del gasto a lo largo del tiempo.
Y esto ocurre en un contexto particularmente delicado. México enfrenta una presión creciente en sus finanzas públicas, con déficits elevados en los últimos años y una discusión constante sobre el destino del gasto, que ha privilegiado programas sociales por encima de proyectos productivos o de inversión. En este entorno, cualquier cambio en la forma de presentar el gasto genera dudas legítimas.
El riesgo más importante es la discrecionalidad. Si el propio gobierno redefine las categorías, podría reclasificar ciertos gastos para mejorar su narrativa. Por ejemplo, un gasto de naturaleza social podría etiquetarse como "inversión social", lo que incrementaría artificialmente la proporción de inversión pública. En el papel, parecería que el gobierno está invirtiendo más. En realidad, el uso de los recursos no habría cambiado. Esto no es menor. La inversión pública es un indicador clave para evaluar el potencial de crecimiento de una economía. Inflar esa cifra mediante cambios metodológicos puede distorsionar el diagnóstico y dificultar la toma de decisiones.
La analogía futbolística ayuda a dimensionarlo. México en la Copa del Mundo 2026 puede decir que llegó al quinto partido, pero eso no implica que sea un Mundial histórico, ya que se encuentra en octavos de final, la instancia en la que se ha quedado en los últimos Mundiales (salvo el de Catar 2022). Para hacer historia, hay que ganarle a Inglaterra el fin de semana.
Por poner otro ejemplo: es como si un equipo presumiera haber tenido su mejor temporada en puntos, pero bajo un sistema de puntuación modificado, de cuatro puntos por victoria y dospuntos por empate. Tendríamos equipos históricos en puntos, pero con menos victorias que los de antes.
Cambiar la forma de clasificar el gasto puede mejorar la percepción, pero no corrige los problemas estructurales de las finanzas públicas en nuestro país: el nivel del déficit, la presión del costo financiero o la baja proporción de inversión productiva.
Jesús Vaca Medina
Doctor en Estudios Fiscales
@jesusvacamedina