Lionel Messi se despidió de los Mundiales tras la derrota argentina, mientras Trump fue protagonista en la entrega.
En el Mundial de Trump, un regreso y un adiós


Por: Sergio Bibriesca
X: @SergioBibriesca
Cinco días después de ser hallado responsable de abusar sexualmente de la escritora E. Jean Carroll en una tienda departamental de Manhattan en la década los 90, y luego de difamarla, por lo que tendrá que pagar 5.6 millones de dólares a la víctima, el presidente Donald Trump, galardonado con el Premio de la Paz de la FIFA en noviembre, fue el responsable de entregar la Copa del Mundo, hecho que, en gran parte, sirvió para satisfacer su ego, de la mano de su amigo Gianni Infantino.
A la hora de entregar las medallas a ambas selecciones, a su lado estaban sus socios comerciales Mark Carney y la presidenta Claudia Sheinbaum, que en Nueva York pasabacasi desapercibida y no corría riesgo de la silbatina azteca, como seguramente habría pasado en la inauguración del torneo, cuando no asistió, y así evitar lo ocurrido en México 1986.
El presidente de EU llevó de la mano de Infantino la Copa del Mundo a la selección de Luis de la Fuente. Como hace un año en el Mundial de Clubes, se quedó junto a los jugadores campeones (en aquel entonces Chelsea). Ahora no celebró, pero él tenía que estar ahí.
Luego de pasar por Trump, la copa terminó en mucho mejores manos. Ganó el futbol y España mostró que fue el equipo más completo del torneo. Hizo palidecer a Argentina, que ya no pudo sólo con el corazón y garra.
Los españoles, con un proyecto basado en la Masía catalana, volvieron al primer plano internacional y arrasaron también en premios individuales. Mejor portero, novato del Mundial y mejor jugador del certamen.
Del otro lado, Messi mostró que es humano. Tras caer, lloró como un pequeño desconsolado. Sin decir nada se despedía así de los Mundiales y posiblemente de la Selección. Sí dolió la derrota, pero decir adiós suele ser más difícil. Se va el más grande de la historia y ahora sólo será un recuerdo sobre el lienzo verde.
El proyecto argentino también iniciará una renovación. Lionel (otro) Scaloni, entrenador de una sola pieza, abrió la puerta a su adiós a finales de año. En conferencia, que terminó en llanto, señaló que "difícilmente se vuelva a formar un grupo como éste". Tiene razón. Marca también el fin de una era en la Albiceleste.
El Mundial termina, pero la polémica que dejó quedará para la comidilla. Días antes, el mandamás de la FIFA, en la Trump Tower en Nueva York, donde el organismo rector del futbol tiene una oficina, le dijo al presidente de Estados Unidos que "esta Copa del Mundo no habría sido un éxito tan increíble sin usted". Si faltaba algo de zalamería, destacó que el mandatario, que ha enfrentado otras acusaciones de abuso sexual, realizó "el mayor evento social y cultural que la humanidad haya presenciado jamás".
Él respondió que Estados Unidos "debería organizar otra Copa del Mundo, pero sin México ni Canadá", en la misma que ha soltado sobre el T-MEC. Le sobran sus socios. Luego, agregó que "se ha hablado para hacerlo con otro socio. Junto con Gianni bromeé de hacerlo con China. No sé qué pensarán los jugadores con desplazamientos de avión tan cortos".
También, para dejar claro que las influencias políticas también existen en el ámbito deportivo, atribuyó a Infantino la anulación de la tarjeta roja que recibió el estadounidense Folarin Balogun contra Bosnia-Herzegovina en los dieciseisavos de final. "Tomaste otra gran decisión", dijo luego de que él mismo le llamara para pedirle que "revisara" la expulsión del mejor atacante de la selección de las Barras y las Estrellas, cosa que se resolvió unas horas después, algo que sucedió luego de 64 años.