La CIA intensifica operaciones en México ante el crimen organizado y el debate sobre soberanía nacional
Entendiendo a la CIA

El gobierno de los Estados Unidos lleva, por lo menos, desde la segunda gestión del presidente Donald Trump preparando el camino para aplicar a plenitud sus planes y programas de seguridad nacional hacia México.
Dentro de múltiples acciones políticas, diplomáticas y económicas destaca la firma, el mismo día de su toma de posesión, el 20 de enero de 2025, de la declaratoria de seis grupos criminales bajo el estatus de organizaciones terroristas globales.
Esto cambia la posición de la delincuencia organizada ante los Estados Unidos y, por supuesto, del mismo gobierno, de una amenaza criminal a un incremento del riesgo a la seguridad nacional, lo que autoriza a aquel gobierno a potencializar su investigación y persecución bajo el mando del Consejo de Seguridad Nacional y sus agencias, el Departamento de Defensa con las diferentes Fuerzas Armadas y, claro está, la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos con las instituciones alineadas, dentro de ellas la CIA, además del Departamento de Seguridad Interior, del Tesoro y el de Estado.
Significa que todo el poder del gobierno norteamericano se vuelca en la búsqueda, localización, identificación y neutralización de aquellos objetivos que representan un riesgo a la seguridad nacional de ese país.
En ese contexto, no nos debe sorprender que ni las Fuerzas Armadas norteamericanas ni la agencia de inteligencia nacional (CIA) actúen en contra de líderes criminales organizados y sus aliados, entre ellos, algunos representantes de la clase política mexicana.
La CIA es una agencia dedicada al acopio, análisis y procesamiento de información exterior para emitir productos estratégicos que lleven a neutralizar las amenazas a su seguridad nacional y, de acuerdo con la declaratoria mencionada, los criminales mexicanos la representan.
La CIA en México está operando desde la década de los 40 del siglo pasado, durante la Segunda Guerra Mundial, pero también estuvo presente en el movimiento estudiantil del 68, en la famosa Guerra Sucia de los 70, así como desde el inicio de las acciones contra el narcotráfico dentro de la llamada Operación Cóndor.
En el caso Camarena de 1985 estuvo presente, pero también en la guerra en Chiapas contra el EZLN durante la década de los 90 y hasta el día de hoy, en el combate a la delincuencia organizada.
Informantes, agentes encubiertos, infiltración en organizaciones y colaboración extranjera son algunas de las técnicas utilizadas para el cumplimiento de su misión, sin señalar todas las herramientas tecnológicas, satelitales y geoespaciales de las que se sirven para proteger sus intereses.
¿Entonces de qué nos sorprendemos?
¿Por la violación sistemática y desde hace décadas de nuestra porosa soberanía?
¿Qué es la soberanía y en qué la hemos convertido? Si ésta radica en el pueblo y éste la deposita en sus representantes para ejercerla, significaría que los poderes, entre ellos el Ejecutivo, dígase la Presidencia de la República, está de acuerdo en solapar por décadas la connivencia criminal con la clase política. ¿En verdad eso quiere el pueblo? Porque de ser así, no tendría que quejarse por la conversión de México en un narco-Estado con las consecuencias que hoy sufrimos.
¿En verdad es más grave que las instituciones extranjeras persigan y neutralicen a criminales peligrosos en nuestro país que seguir solapando generaciones de políticos corruptos?
¿Acosar sin cansancio a una gobernadora por permitir que una agencia combata el narcotráfico es más valioso que entregar a un mandatario coludido con una estructura criminal que ha dejado ingobernable un estado de la República?
Para defender nuestra soberanía debemos de neutralizar los graves problemas que nos aquejan al interior sin permitir que impacten en el exterior; dejar de exportar problemas para importar soluciones, inclusive más allá de la cooperación convencional.
Bernardo Gómez del Campo
Consultor en Seguridad
@BGomezdelCampo




