Era digital, era de celibato

Las personas interactúan menos entre sí cuando tienen a su alcance un enorme universo complaciente

Era digital, era de celibato

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Miguel Ángel Romero

Hay un experimento mental que vale la pena hacer. Imagina que alguien ofrece un amigo disponible a cualquier hora, que nunca está de mal humor, que pone atención en lo que realmente importa, que nunca interrumpe, que siempre tiene tiempo. ¿Lo aceptarías? La mayoría diría que sí.

Ese es el dilema que plantea la tecnología digital a la vida social contemporánea. Por ejemplo, las tasas de fertilidad cayeron por debajo del nivel de reemplazo en más de dos tercios en el planeta. Pero el dato más revelador no está en cuántos hijos se dejan de tener, sino cuál es el trasfondo.

Lo que los especialistas están observando es que las personas se relacionan menos entre sí a partir del uso masivo del smartphone. Es decir, no es que haya una decisión de pareja de tener menos hijos... porque ya ni siquiera hay parejas. Al menos eso se está convirtiendo en tendencia.

En la primera década de este siglo, las tasas de fertilidad se estabilizaron e incluso aumentaron en muchos países avanzados. Luego llegó el smartphone. Y en la década de 2010, en sociedades tan distintas como Corea del Sur, Finlandia, Turquía y Estados Unidos, los adultos jóvenes comenzaron a emparejarse con menos frecuencia.

No uniformemente, no por las mismas razones exactas, pero sí simultáneamente. El mundo se volvió más soltero al mismo ritmo en que se volvió más conectado.

Si bien nadie sostiene que el iPhone sea la causa de que la humanidad deje de reproducirse, la caída de la fertilidad a largo plazo tiene raíces profundas en la modernidad y sus nuevos estándares y valores.

El colapso de las relaciones de pareja no puede explicarse por una expansión repentina de los derechos de la mujer; está ocurriendo incluso en sociedades profundamente patriarcales como Arabia Saudita.

Tampoco se atribuye fácilmente a turbulencias económicas: las tasas de pareja romántica han caído tanto en naciones de alto crecimiento como de bajo crecimiento, en economías avanzadas y en desarrollo, en países sacudidos por la crisis de 2008 y en los que salieron prácticamente indemnes.

Los smartphones, en cambio, estuvieron en los lugares correctos en los momentos correctos.

Cuando se tiene acceso permanente a entretenimiento personalizado, a comunidades que comparten los mismos intereses, a conversaciones que nunca decepcionan, la necesidad de buscar todo eso entre personas reales disminuye.

Las personas reales, con sus contradicciones, sus malos días y sus silencios incómodos, empiezan a parecer una propuesta menos atractiva. Los datos confirman esta intuición: en 21 países europeos, la proporción de personas que se reunía con amigos a diario cayó del 21 por ciento en 2006 al 12 por ciento en 2022.

Y ahora, todo indica, viene la inteligencia artificial a completar lo que el smartphone comenzó.

Porque el smartphone compitió con la socialización en términos de entretenimiento; sin embargo, la IA compite en términos de intimidad. Claude o ChatGPT no sólo ofrecen algo con qué pasar el tiempo; ofrecen algo que escucha, que responde, que valida.

Un estudio de 2025 siguió a casi mil personas durante cuatro semanas y encontró que quienes pasaban más tiempo conversando con chatbots terminaban más aislados socialmente, no más conectados. Otro estudio reveló que el 15 por ciento de los adultos jóvenes en relaciones de pareja admitía tener, en paralelo, una relación romántica secreta con una IA, y que más de la mitad deseaba que su pareja humana se comportara como ella.

Se trata de una nueva dinámica que los psicólogos observan: cuando algo satisface una necesidad de forma más cómoda que la alternativa real, la alternativa real se usa menos. Y las relaciones humanas son, entre otras cosas, el principal mecanismo por el que los seres humanos se reproducen.

La llamada "democratización" de la inteligencia artificial puede convertirse en un problema serio para la humanidad, pues el universo complaciente que cabe en el bolsillo puede convertir el sexo en obsoleto al divertirnos/entretenernos hasta abstinencia. Incluso los expertos advierten que si se mantuviera indefinidamente la baja tasa de fertilidad global actual, se aseguraría la extinción de la humanidad.

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