El gas que México dejó escapar

México importa gas natural mientras quema volúmenes propios, aumentando su dependencia energética.

El gas que México dejó escapar

Síguenos

Durante décadas, Pemex ha venteado y quemado enormes volúmenes de gas asociado a la producción petrolera, particularmente en instalaciones costa afuera. Esta práctica ha significado pérdidas multimillonarias y un grave daño ambiental derivado de emisiones contaminantes y gases de efecto invernadero.

El problema nunca fue desconocido. La tecnología para aprovechar ese gas existía desde hace muchos años y también existía interés privado para invertir en soluciones integrales.

El llamado "gas húmedo amargo" contiene metano, líquidos de gas natural, nitrógeno y compuestos de azufre que requieren procesamiento especializado. Bien aprovechado, puede convertirse en fuente de energía, materias primas petroquímicas y productos industriales. Desperdiciado mediante venteo o quema, su impacto económico y ambiental es enorme.

El metano merece atención especial. Aunque permanece menos tiempo en la atmósfera que el dióxido de carbono, su capacidad de calentamiento global es mucho mayor en periodos cortos. Hoy las emisiones de metano son consideradas uno de los factores más críticos del cambio climático.

México ha sido señalado repetidamente por sus altos niveles de quema y venteo de gas en actividades petroleras.

En 2017, Pemex invitó a diversos grupos empresariales a presentar propuestas para desarrollar un aprovechamiento integral del gas húmedo amargo producido en varias instalaciones.

Participaron consorcios integrados por empresas tecnológicas, firmas de ingeniería, operadores especializados y grupos financieros. El esquema era relativamente simple: Pemex aportaría el gas y parte de la infraestructura existente; los inversionistas privados aportarían capital, tecnología, nuevas instalaciones y operación especializada.

El modelo era particularmente atractivo para Pemex. Sin realizar inversiones directas, conservaría el 100% del metano procesado y entregado bajo norma. Los inversionistas recuperarían su capital mediante la comercialización de líquidos de gas natural, nitrógeno y azufre.

En aquel momento, el proyecto era viable. Las reservas disponibles permitían estimar periodos de recuperación de inversión de entre siete y 10 años. Posteriormente, la infraestructura sería transferida a Pemex.

Era un esquema razonable que permitía simultáneamente reducir contaminación, disminuir quema de gas, incrementar producción útil de metano, modernizar infraestructura e incorporar tecnología avanzada sin que Pemex realizara inversiones multimillonarias.

Sin embargo, en 2017 el gobierno federal decidió no concretar el proyecto ante la proximidad del cambio de administración y sugirió retomarlo posteriormente.

Cuando la propuesta fue presentada al nuevo gobierno, simplemente no fue considerada. La participación privada en proyectos vinculados con Pemex no formaba parte de la visión ideológica de la nueva administración.

El proyecto quedó archivado

Mientras tanto, México continuó quemando gas, aumentando emisiones contaminantes y profundizando su dependencia de importaciones de gas natural provenientes de Estados Unidos.

La paradoja es evidente: México desperdicia gas propio mientras importa enormes volúmenes de gas extranjero para generación eléctrica, procesos industriales y consumo doméstico.

El problema es estratégico. Una parte fundamental del sistema eléctrico nacional depende hoy del gas importado desde Estados Unidos. Cualquier interrupción relevante en el suministro, infraestructura o tensiones comerciales puede afectar seriamente la seguridad energética nacional.

Hoy Pemex intenta nuevamente impulsar proyectos para aprovechar gas que anteriormente se desperdiciaba. Pero el contexto ya cambió.

En 2017 existían volúmenes suficientes para justificar inversiones multimillonarias y recuperar el capital en un plazo razonable. Después de años de quema y desperdicio, las reservas aprovechables disminuyeron y el horizonte económico se redujo considerablemente.

Dicho de manera sencilla: el gas que antes hacía viable el proyecto puede ya no ser suficiente para recuperar la inversión antes de la declinación de los campos.

México perdió tiempo valioso

La política energética de una nación no puede construirse sobre dogmas políticos ni prejuicios contra la inversión y la tecnología. Debe sustentarse en ingeniería, análisis económico, visión estratégica y responsabilidad ambiental.

Cuando eso no ocurre, las oportunidades se pierden, las inversiones desaparecen y el país retrocede.

Mientras tanto, el gas se sigue quemando.

Edición Impresa Digital
Ver más

Edición 1: Portada digital destacada.