Generación fotovoltaica distribuida

La instalación de sistemas fotovoltaicos en viviendas mexicanas reduce el gasto eléctrico y contribuye a una nueva infraestructura energética.

Generación fotovoltaica distribuida

Síguenos
Luis Rancé

Generación fotovoltaica distribuida: cuando el ahorro familiar crea una nueva infraestructura energética

Quienes vivimos en ciudades de clima cálido como Acapulco observamos diariamente el creciente uso de equipos de aire acondicionado en viviendas, comercios y pequeños negocios. El confort térmico se ha convertido prácticamente en una necesidad durante buena parte del año, pero también representa un consumo significativo de energía eléctrica y, en consecuencia, un impacto importante en la economía familiar.

No son pocos los usuarios que, al recibir su factura eléctrica, buscan alternativas para reducir el gasto. Para muchos de ellos, la respuesta ha llegado desde los techos y azoteas de sus propias viviendas mediante la instalación de sistemas fotovoltaicos de pequeña escala.

La motivación principal rara vez es ideológica o ambiental. Lo que impulsa la decisión es el deseo de disminuir el importe del recibo de luz. En numerosos casos, el consumo elevado obliga al usuario a permanecer en la Tarifa Doméstica de Alto Consumo (DAC), donde el costo de la energía es considerablemente mayor que en las tarifas domésticas subsidiadas. La posibilidad de reducir el consumo neto tomado de la red y regresar a una tarifa más favorable constituye un incentivo económico muy poderoso.

La reducción sostenida en los precios de los módulos fotovoltaicos, inversores y equipos asociados ha contribuido de manera decisiva a este fenómeno. Lo que hace algunos años era una inversión reservada para un número limitado de usuarios hoy se encuentra al alcance de una parte creciente de la población.

Sin embargo, el verdadero interés de este fenómeno va mucho más allá del ahorro individual.

Cuando un usuario instala paneles solares no deja de depender de la red eléctrica. Durante las horas de mayor insolación, la energía producida por los paneles puede cubrir parcial o totalmente sus necesidades e incluso generar excedentes. Durante la noche o en días nublados, continúa recibiendo energía del Sistema Eléctrico Nacional.

Esta interacción es posible gracias a la medición bidireccional. El medidor registra tanto la energía que el usuario recibe de la red como aquella que entrega a la misma. Posteriormente se realiza el balance correspondiente conforme a las disposiciones regulatorias vigentes. En términos prácticos, la red eléctrica funciona simultáneamente como respaldo del usuario y como receptora temporal de sus excedentes de generación.

Este esquema pone de manifiesto una realidad frecuentemente ignorada: los sistemas fotovoltaicos distribuidos y la red eléctrica no son competidores; son complementarios. La confiabilidad del suministro sigue dependiendo de una infraestructura capaz de atender la demanda cuando la generación solar disminuye o desaparece.

Otro elemento que ha favorecido el crecimiento de esta modalidad es la existencia de un marco regulatorio que permite la interconexión de sistemas de generación distribuida mediante procedimientos simplificados. Gracias a ello, cientos de miles de usuarios pueden convertirse en pequeños generadores de electricidad aprovechando superficies ya construidas como techos, azoteas, estacionamientos y cubiertas de edificios.

Desde una perspectiva individual, cada instalación parece modesta. Un sistema residencial típico puede representar apenas unos cuantos kilowatts de capacidad instalada. Sin embargo, la situación cambia radicalmente cuando se observa el fenómeno en su conjunto.

La suma de los cientos de miles de sistemas fotovoltaicos distribuidos instalados en viviendas, comercios, oficinas, escuelas e instalaciones industriales ya representa una capacidad superior a los 4,000 MW. Dicho de otra forma, equivale aproximadamente a cuatro grandes centrales eléctricas de 1,000 MW cada una o a más de dos veces la capacidad instalada de la Central Nuclear Laguna Verde.

Lo que comenzó como una decisión orientada a reducir el recibo de luz está dando origen a una nueva arquitectura del sistema eléctrico basada en miles de pequeños puntos de generación dispersos geográficamente.

Existe además otro aspecto pocas veces mencionado. La inversión acumulada realizada por los propios usuarios para instalar estos sistemas podría situarse ya en decenas de miles de millones de pesos. Considerando el número de instalaciones existentes y sus costos típicos, resulta razonable estimar una inversión privada total del orden de 60 a 100 mil millones de pesos.

Se trata de una infraestructura energética financiada directamente por familias, comercios y empresas, sin necesidad de recursos públicos y sin que haya existido un programa centralizado de construcción.

Un ejemplo ilustrativo puede encontrarse en Acapulco. Una vivienda de aproximadamente 300 metros cuadrados equipada con ocho minisplits, refrigerador, congelador independiente, cava de vinos, lavadora, secadora eléctrica e iluminación LED instaló doce paneles solares de 550 watts cada uno. La inversión fue cercana a 120 mil pesos. El gasto eléctrico se redujo prácticamente a cero y la inversión se recuperó en alrededor de dieciocho meses.

Experiencias como ésta ayudan a explicar el rápido crecimiento de la generación distribuida en regiones de alta radiación solar y elevados consumos de aire acondicionado. Cuando el usuario percibe que la inversión puede recuperarse en plazos relativamente cortos, la decisión deja de verse como un gasto y comienza a considerarse una inversión productiva.

México posee condiciones excepcionales para el aprovechamiento de la energía solar. La abundancia de superficies disponibles en techos y azoteas, combinada con uno de los mejores recursos solares del mundo, ofrece una oportunidad singular para expandir este modelo.

La generación fotovoltaica distribuida no sustituirá a las grandes centrales eléctricas ni eliminará la necesidad de redes de transmisión y distribución robustas. Tampoco resolverá por sí sola los desafíos energéticos del país. Sin embargo, puede convertirse en un complemento cada vez más importante dentro de la infraestructura eléctrica nacional.

Lo que comenzó como una estrategia para disminuir el gasto familiar en electricidad está evolucionando hacia algo mucho más relevante: la construcción de una nueva infraestructura energética nacional financiada, panel por panel, por cientos de miles de usuarios mexicanos.

@tincprou

Ver más

Cargando edición impresa...