El peso invisible de los árbitros

La pérdida de autoridad de organismos internacionales está transformando la forma en que las naciones resuelven conflictos, negocian acuerdos y ejercen influencia en el escenario global

El peso invisible de los árbitros

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Guillermo Ortega Rancé

Señal: la importancia de las instituciones multilaterales para resolver conflictos

Tendencia: el mundo se vuelve más bilateral a medida que pierde árbitros efectivos

Durante los años noventa ocurrió algo que hoy parece casi imposible. Tras la invasión iraquí de Kuwait, las principales potencias del planeta lograron coordinar una respuesta común a través de Naciones Unidas. Durante buena parte de esa década, el Consejo de Seguridad funcionó como un espacio donde rivales geopolíticos podían procesar desacuerdos dentro de un marco compartido.

Tres décadas después, el contraste es evidente. En 2024 el consejo registró el mayor número de resoluciones vetadas desde 1986 y la tendencia se mantuvo en 2025. Lo llamativo es que los bloqueos provinieron de distintos miembros permanentes y sobre conflictos distintos: Rusia en Ucrania, Estados Unidos en Gaza y China en otros temas estratégicos.

La lectura habitual es que los organismos multilaterales han dejado de funcionar. Sin embargo, esa explicación resulta insuficiente. El problema no son las instituciones, sino algo más profundo.

En un partido de futbol, la ausencia de árbitro no elimina las reglas. Lo que desaparece es la autoridad capaz de hacerlas valer. Durante algunos minutos el juego continúa. Después empiezan las discusiones. Más tarde aparecen las faltas. Finalmente, cada equipo intenta imponer su propia interpretación del reglamento.

El sistema internacional intentó construir sus propios mecanismos después de la Segunda Guerra Mundial. No para eliminar los conflictos, sino para evitar que cada desacuerdo terminara resolviéndose exclusivamente mediante la fuerza.

Pero el valor de un árbitro rara vez se aprecia cuando funciona; se vuelve visible cuando deja de hacerlo. Durante décadas asumimos que organismos como Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio o diversas instituciones multilaterales eran parte natural del paisaje internacional. 

Pero los árbitros dependen de una condición previa: que los jugadores acepten ciertas reglas comunes. Cuando ese consenso existe, incluso actores con intereses opuestos pueden procesar sus diferencias dentro de un marco compartido. Cuando desaparece, las instituciones siguen ahí, pero su capacidad de producir acuerdos se reduce.

Eso es lo que estamos observando hoy: la rivalidad entre Estados Unidos y China, la guerra en Ucrania, el conflicto en Gaza o las crecientes tensiones comerciales no reflejan simplemente desacuerdos sobre temas específicos. Reflejan desacuerdos sobre quién tiene legitimidad para definir las reglas, interpretarlas o modificarlas.

La consecuencia no es necesariamente el caos, porque los países siguen negociando, las empresas siguen comerciando y las alianzas siguen existiendo. Pero el terreno cambia:cuando los árbitros pierden autoridad, las relaciones se vuelven más bilaterales, y cuando eso ocurre, las asimetrías importan más.

Esta observación resulta especialmente relevante para países como México. Históricamente, las potencias medias suelen beneficiarse de sistemas basados en reglas porque éstos ayudan a equilibrar diferencias de tamaño y poder. Cuando las reglas pierden fuerza, la negociación tiende a depender más de factores como la capacidad económica, la influencia política o la relevancia estratégica.

Por eso las discusiones actuales sobre comercio, migración, seguridad o cooperación tecnológica entre México y Estados Unidos pueden interpretarse como algo más que una agenda bilateral. También son una señal de un mundo donde las reglas siguen existiendo, pero donde existe cada vez menos acuerdo sobre quién debe arbitrar su cumplimiento.

Los escenarios geopolíticos suelen construirse en torno a quién tendrá más poder en el siglo XXI. Pero quizá la pregunta más importante sea otra: quién tendrá la autoridad suficiente para hacer valer las reglas cuando los jugadores ya no estén de acuerdo sobre ellas.

Guillermo Ortega Rancé

@ortegarance

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