México se está quedando sin aire: el freno al subsidio de gasolina

En materia de finanzas públicas, México empieza a mostrar señales claras de agotamiento

México se está quedando sin aire: el freno al subsidio de gasolina

Síguenos

En el futbol, hay equipos que presionan alto, corren a cada balón a muerte y convierten la intensidad en su principal arma. En el Mundial que inicia la próxima semana seguramente lo veremos en muchos equipos pequeños cuando enfrenten a las potencias, ya que suele ser un recurso de quienes se asumen inferiores en calidad.

Es una estrategia con dos grandes exigencias: orden y fondo físico. Pero el desgaste pasa factura. Los jugadores empiezan a perder ritmo, aparecen los calambres y el equipo necesita, sí o sí, bajar la intensidad para no desfondarse. Algo muy parecido está ocurriendo hoy con las finanzas públicas de México: se está quedando sin aire. 

El gobierno federal anunció una reducción temporal a los estímulos a la gasolina del 30 de mayo al 5 de junio, una decisión que deja ver que el Estado mexicano comienza a quedarse sin margen financiero, es decir, sin fondo físico.

Durante meses, el gobierno mantuvo artificialmente bajos los precios de la gasolina mediante subsidios. Este esfuerzo no es menor: en promedio, ha costado alrededor de 5 mil millones de pesos semanales. Es decir, recursos públicos que se destinan a contener precios, pero que al mismo tiempo presionan cada vez más unas finanzas ya debilitadas.

México enfrenta una presión creciente sobre sus finanzas públicas. Por un lado, el gasto social sigue expandiéndose, impulsado por programas que son políticamente prioritarios, pero fiscalmente costosos. Por otro lado, el apoyo constante a Pemex se ha convertido en una carga estructural: tan sólo el año pasado se destinaron más de 390 mil millones de pesos a la empresa productiva del Estado, que sigue siendo la petrolera más endeudada del planeta.

Debido a todo esto, la deuda pública ha crecido de forma acelerada desde 2019, alcanzando niveles preocupantes. Tan sólo entre 2024 y 2025, el déficit ha superado el 10% del PIB, encendiendo alertas sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas. Una muestra clara de ello es la reciente reducción en la calificación soberana de México por parte de Moody´s.

La reducción de estos estímulos no es una decisión aislada, sino un síntoma. Es el momento en el que el equipo reconoce que necesita aire. Que no puede sostener el mismo ritmo sin arriesgarse a colapsar.

Equipos como el Atlético de Madrid del Cholo Simeone o las Chivas de Matías Almeyda construyeron su identidad a partir de la intensidad física. Pero incluso esos equipos sabían que había momentos para replegarse, bajar revoluciones y administrar el esfuerzo. De lo contrario, el riesgo era evidente: quedarse sin piernas en el cierre del partido y recibir una goleada. Hoy, México está en esa fase del partido.

Las finanzas públicas han jugado a máxima intensidad durante años: alto gasto, subsidios, rescates financieros y compromisos crecientes, lo cual se exponenció con el incremento del precio internacional del petróleo y los subsidios a los combustibles. Pero el desgaste ya es visible. El margen de maniobra se ha reducido y las decisiones comienzan a reflejarlo.

El riesgo no es únicamente el aumento en el precio de la gasolina. El verdadero riesgo es que, si no se ajusta el ritmo, el equipo puede desfondarse. Y en términos económicos, eso se traduce en una crisis fiscal. La pausa en los subsidios es, en el mejor de los casos, un respiro temporal. Pero también es una señal de advertencia.

Porque cuando un equipo se queda sin piernas y pierde la intensidad, el desenlace suele ser inevitable. Y en materia de finanzas públicas, México empieza a mostrar señales claras de agotamiento.

Edición Impresa Digital
Ver más