En Jalisco, la violencia persiste con hallazgos de fosas clandestinas mientras el país se une por el fútbol.
Efecto Patria


Por: Sergio Bibriesca
Para Matteo, quien este 11 de junio, hace 15 años, partió a otro lugar, pero que, sin querer, nos puso en este camino. Y para Azucena, que este jueves estará con su mente y corazón con las madres buscadoras que se movilizarán en la Ciudad de México.
Llegó la hora de ser todos uno mismo. Por algunos días –diría 39, que es lo que dura el Mundial, pero el Tri no cubrirá la ruta completa– este México tan difuso, en el que caben muchos Méxicos, tan desigual, tan frustrante, tendrá esa falsa ilusión de que somos –no todos, claro– parte de la misma causa, aunque nos detestemos, nos discriminemos o nos caguemos a golpes por quitarnos un lugar del estacionamiento.
El fútbol da esa falsa sensación. Es el Efecto Patria. Los medios hacen su parte. Con spotspatrioteros, Televisa nos insiste en que el Tri "es el equipo de todos", con una cobertura que nos recuerda que 1990 sigue tan vigente y que las fórmulas televisivas no evolucionan –sólo faltó la Chiquitibum–. Ese Tri "de todos", en el que las decisiones sobre su destino se toman desde el escritorio de empresarios, con jugadores concentrados haciendo publicidad para las marcas que sacarán una buena tajada, defenderá el país a patadas.
El Efecto Patria se potencializa en los Mundiales. La emoción estará en el puesto de jugos, periódicos, microbuses, tiendas, hogares, casetas de vigilancia, zapaterías, escuelas, estadios... y, como no queriendo, cada espacio libre servirá para vender cervezas, coches, televisores, papas fritas, cuentas en los bancos, desodorantes, celulares...
El país, tan ansioso de un triunfo, que se dará en algún momento del torneo, nos cohesionará. El verde, blanco y rojo será una meta común.
La máquina de producir ficciones –la FIFA– dará algunos días de irrealidad casi perfecta, de placer y de emociones que la vida real no suele proveernos. Y en ese mood, claro, siempre hay alguien que busca aprovechar el momento. En Nuevo León, el gobierno estatal intentó utilizar los espacios del Fan Fest para colar el fosfo fosfo a la imagen del lugar. Lo frenaron en seco, porque el rector del futbol mundial, dueño del balón, no lo permitió.
De cualquier forma, el fosfo fosfo se ve por algunas colonias muy populares del estado. Con mensajes como välkommen (bienvenido en sueco), muros con lonas naranjas tapan manzanas completas de casas de lámina improvisadas. No vayan a afear el lugar.
En otros lugares tiraron litros de pintura morada y se pusieron sobre todo. El problema es que nadie tuvo en cuenta que las normas viales exigen colores que garanticen la seguridad y visibilidad. Entonces, tras el morado el amarillo. El Diario Basta hizo un ejercicio breve pero revelador. Sólo Río Churubusco mide 19 kilómetros. Para pintarlo se debieron ocupar 17 mil botes de 19 litros (cada uno cuesta 4 mil pesos). En total 68 millones de pesos. Y eso sólo de un lado de la vialidad. Para tapar la pifia, otros 68 millones de pesos. En total, sólo ahí, al menos 272 millones de pesos.
En Jalisco, hasta hace unas semanas, seguían saliendo cuerpos en fosas clandestinas de los Nadie (como Eduardo Galeano llama a aquellos que "cuestan menos que la bala que los mata"). En Lagos de Moreno, al menos fueron hallados 17 lugares con restos óseos. En El Salto, a unos kilómetros del Aeropuerto Internacional de Guadalajara, aparecieron al menos 60 bolsas con restos humanos y 21 osamentas.
No se trata de ser el aguafiestas. Al final, se intenta producir la apariencia de un país amable, armónico y en paz –si se pudo hacer un Mundial en la Argentina de 1978 o en la Rusia de Putin, se puede hacer donde sea–.
Habrá que disfrutarlo o, incluso, creérselo –sí, creérselo– durante un par de horas, y gritar y sufrir y disfrutar y gritar otra vez y llorar y abrazarnos. Ser ´mexicanos´ un rato y ser felices unas horas, aunque mañana tengamos que salir a las 4 de la mañana de Chicoloapan, San Mateo Xalpa, el Ajusco, San Pedro Mártir o Los Reyes para intentar llegar a tiempo al trabajo, junto a otros tantos millones, para llevar a casa el pan. Probablemente al otro día minimizaremos al que ayer abrazamos por un gol debido a su posición social, color de piel, acento o aficiones políticas.
Y estará ese otro grupo, que le da exactamente igual lo que pase en el rectángulo verde, ese grupo en el que familias, como desde hace años, saldrán con pala en mano y fichas de búsqueda y la esperanza de encontrar un hueso que les permita saber, por fin, el destino de su familiar e intentar cerrar esa herida, y todos aquellos que buscan que este país les dé algo más que un triunfo en un juego de futbol. Que el gobierno actúe como tal y que dé la justicia que tanto anhelan. Que ruede el balón.
Nota: a partir de este viernes, El Pabellón se publicará todos los días durante la Copa del Mundo, hasta el 20 de julio, el día después de la final. Día de resaca.